Changan Changan Foton
01/03/2026 01:22 PM
| Por Alejandro Ramírez Morón (Exclusivo para Banca y Negocios)

#Expertos: Venezuela necesitará del FMI para reestructurar una deuda que supera 160% del PIB

Ante un escenario de recuperación económica, aparece el fantasma de la deuda externa en default. Expertos advierten un proceso complejo y de alto riesgo que aún no se sabe cuándo se iniciará.

#Expertos: Venezuela necesitará del FMI para reestructurar una deuda que supera 160% del PIB

La reestructuración de la deuda venezolana se presenta como el rompecabezas financiero más complejo del siglo XXI, donde la convergencia de una parálisis política prolongada, un default de casi una década y una maraña legal sin precedentes exige algo más que simples ajustes contables.

Con pasivos -según fuentes al tanto- que oscilan entre los 150.000 y 190.000 millones de dólares —una cifra que triplica el tamaño actual de la economía venezolana— el país no solo enfrenta el reto de reconciliar intereses entre potencias antagónicas como Estados Unidos, China y Rusia, sino también la urgencia de diseñar un nuevo marco institucional que sea capaz de transformar su potencial energético en solvencia real.

En este escenario, cualquier acuerdo sostenible no solo dependerá de la voluntad de los acreedores, sino de una reforma estructural profunda que logre rehabilitar la industria petrolera y devuelva a Venezuela la seguridad jurídica necesaria para reintegrarse formalmente al sistema financiero global.

Pero hay un estimado sobre el monto de la deuda externa de Venezuela -al que los economistas suelen recurrir-, según el cual se habla de 160.000 millones de dólares, entre bonistas, entes multilaterales, arbitrajes del CIADI y gobiernos como China y Rusia.

Luis Angarita es el decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (FACES) de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Consultado sobre qué cifras maneja él -en este sentido- despacha que “las mismas, no hay una información formal oficial que confirme los datos, lo que uno puede es ir haciendo seguimiento de los distintos mecanismos de deuda que ha tenido el gobierno”, enciende la calculadora.

Dicho esto, hace un recuento: desde -aproximadamente- 2006, el gobierno empezó con emisiones de bonos y, a partir del 2013, se iniciaron los compromisos del pago del servicio de esa deuda, y, luego, la amortización de capital.

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«El interés de Estados Unidos no solo es la reactivación, sino también crear  condiciones favorables para la inversión, ya que los principales acreedores que tienen interés son estadounidenses y multilaterales»: Luis Angarita, decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales UCV

El default prolongado

El académico recuerda que Venezuela comienza a ver el compromiso de deuda desde el 2013 y también, a partir del 2017, el país quedó encerrado en una incapacidad estructural de honrar esos pagos.

En noviembre del 2017, técnicamente, Venezuela entra en default, al no poder pagar una de las cuotas que le correspondían.

Y pega duro: “aun así hay otros fondos paralelos -Fondo Ruso o Fondo Chino-, aparte de endeudamiento de otras figuras distintas a la República, como Citgo, la Electricidad de Caracas (Edc) o la propia Petróleos de Venezuela (Pdvsa), lo que hace que sea una deuda con una arquitectura financiera compleja».

Angarita explica que en los tribunales internacionales se ha definido lo que se llama la figura del Alter Ego. «No importa que Venezuela tenga distintas cachuchas, es la misma persona”, subraya.

-¿Qué diferencia hay entre renegociar la deuda con Maduro en el poder, y la situación actual, con la venia de los EEUU?

– Los principales acreedores están inmersos en el sistema de financiamiento internacional, son emisores de bonos, entidades públicas o privadas que trabajan dentro del sistema internacional, del Fondo Monetario Internacional (FMI) y otras instituciones. Por lo tanto, la renegociación de la deuda es algo que está intrínsecamente ligado con el tema de las sanciones estadounidenses. Es decir, una cosa no puede separarse de la otra.

-¿Usted cree que el gobierno de Donald Trump vaya a facilitar la renegociación?

– Totalmente, porque el interés de Estados Unidos no solo es la reactivación, sino también crear  condiciones favorables para la inversión, ya que los principales acreedores que tienen interés son estadounidenses y multilaterales.

Finalmente, consultado sobre el porcentaje de recorte de deuda que pueda fijarse, toda vez que analistas de peso sostienen que el recorte necesario es de 50%, para que la deuda sea sostenible frente a un mermado Producto Interno Bruto (PIB), el decano dispara que “eso va a depender también de cada negociación y de cada parte».

Angarita apunta que «dentro de esos 160.000 millones de dólares están incluidas las deudas comerciales, principalmente asociadas a servicios de líneas aéreas. Creo que ese es un pasivo totalmente negociable. Porque, digamos, hubo mucha volatilidad y especulación de los vuelos que se vendían en Venezuela por esa bonanza”, se despide.

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Los Bonos de Soberanos «por un monto consolidado de entre 35.000 y 40.000 millones, se están volviendo una apuesta interesante en Wall Street; de hecho, solo en 2025 aumentaron 82,37%»: Javier A. Morros (Datanálisis).

Deudas asociadas a Pdvsa

Javier A. Morros, consultor de Escenarios de Datanalisis, afina la estimación, según la cual la deuda  venezolana se encuentra entre los 130.000 y 160.000 millones de dólares, donde resaltan los pasivos asociados a PDVSA.

En total, si se suman los bonos, la deuda de PDVSA se estima en alrededor de entre 75.000 y 80.000 millones de dólares.

En segundo lugar, acota, “se encuentran los Bonos de Soberanos por un monto consolidado de entre 35.000 y 40.000 millones. Estos bonos se están volviendo una apuesta interesante en Wall Street; de hecho, solo en 2025 aumentaron 82,37% y desde inicios de este año pasaron de 0,33 centavos de dólar el primero de enero, a 0,43 para finales de febrero. La oportunidad de estos bonos no solo reside en el precio de liquidación final, si no en todos los cupones no pagados”.

Por su parte, Jose A. Rodriguez, otro Consultor de Escenarios de Datanalisis, fue preguntado sobre si es posible reestructurar la deuda sin el levantamiento total de las sanciones de la OFAC. Esto fue lo que contestó:

“Históricamente, la respuesta es un no táctico. Este proceso ha estado atado a la arquitectura de sanciones de la OFAC. Órdenes ejecutivas como la 13.808 y la 13.884 levantaron un muro que prohibía a entidades estadounidenses transar con nueva deuda emitida por el gobierno o PDVSA. Por lo que en términos sencillos: no se podía reestructurar la deuda porque la legalidad de Estados Unidos  lo impedía”, se va por la calle del medio.

A pesar de esto, avanza el analista, el escenario que Venezuela enfrenta actualmente, después de los hechos del 3 de enero y la reconfiguración de la estructura financiera y las relaciones con EEUU, “es de apertura total, si no de una apertura supervisada y atada a las decisiones tomadas en Washington”, apunta Rodríguez.

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Los intereses de la deuda en default aumentaron alrededor de 5.000 millones por año, parece evidente que una renegociación viable pasa por descuento importante.

La hipoteca de 164% del PIB

Javier Morros señala que una «quita» de 50% es consecuente con una estimación del FMI, según la cual la deuda pública total de Venezuela equivale a 164% del PIB de 2024, un PIB que se contrajo 75% entre 2013 y 2019.

Si a eso se le suma que los intereses de la deuda en default aumentaron alrededor de 5.000 millones por año, parece evidente que una renegociación viable pasa por descuento importante, si se considera la realidad venezolana actual.

Sin embargo, dice el experto que los recortes de capital van a depender de cuatro variables fundamentales; la capacidad de pago que tenga el país a la hora de renegociar, los incentivos, la estabilidad política-social y la confianza o percepción de riesgo país.

«Estas últimas dos variables podrían determinar si Venezuela puede negociar un recorte de estas magnitudes”, golpea sin temores.

-¿Cómo se tratarán los intereses vencidos y no pagados desde el default de 2017?

-Los intereses vencidos no pueden ser borrados, pero la estrategia más probable es la capitalización de los intereses vencidos en un nuevo instrumento de largo plazo que incluya periodos de gracia, con el objetivo de no asfixiar el flujo de caja inicial del país.

Sin embargo, la República cuenta con una defensa legal: las sanciones financieras a partir del 2017 impidieron materialmente el flujo de pagos, a pesar de que pudiese existir la voluntad de cancelar los pasivos.

Esto podría utilizarse para negociar la eliminación de intereses punitorios o moratorios y reconocer sólo el cupón base, además de unificar las deudas de PDVSA con las de la República, lo que permitiría a los inversionistas valorar un solo activo respaldado por el flujo petrolero centralizado.

#Expertos: Venezuela necesitará del FMI para reestructurar una deuda que supera 160% del PIB

“La tarea del FMI sería, como ha sido en otras oportunidades, el diseño técnico del programa de estabilización macroeconómica»: Fabián Campos (Datanálisis)

Los riesgos de la renegociación

Fabián Campos, Gerente de Escenarios de Datanalisis, indica que en un contexto de alta volatilidad cambiaria, brecha significativa entre tipo oficial y no oficial y un contexto inflacionario, una renegociación de deuda sería un proceso altamente complejo y de alto riesgo.

“La tarea del FMI sería, como ha sido en otras oportunidades, el diseño técnico del programa de estabilización macroeconómica. En el caso de Venezuela, se podría concentrar en tres pilares coordinados: fiscal, monetario y cambiario”, ajusta las piezas del rompecabezas.

Venezuela enfrenta otras limitantes importantes para renegociar como reservas internacionales limitadas, necesidad de recomponer importaciones esenciales; y una potencial caída adicional del PIB. Por lo cual, un acuerdo con el FMI permitiría acceso a recursos frescos, canalizar financiamientos de otros entes multilaterales y facilitar reestructuración de deuda externa.

“Sin embargo, es prudente que, antes de recibir cualquier tipo de préstamo del FMI (lo que podría ser provechoso para la economía), ya Venezuela esté enmarcada en un proceso de reestructuración estructural de su economía, con cambios concretos en materia de políticas económicas. Es decir, que dicho financiamiento sea parte del ‘plan’ y no condición necesaria para luego iniciar un plan”.

Cláusulas de valor recuperable

 -¿Se incluirían “cláusulas de valor recuperable” ligadas al precio o producción del petróleo?

– Si el FMI entra en Venezuela, el programa necesita sostenibilidad. En el caso venezolano, el problema estructural es claro: alta dependencia petrolera; nolatilidad de precios; flujos inciertos por restricciones externas; brecha cambiaria e inflación sensibles al flujo de divisas

Entonces surge la pregunta natural: ¿Cómo hacer que la reestructuración de deuda futura no ahogue la recuperación si el petróleo vuelve a caer? “Ahí entran las cláusulas de valor recuperable (Value Recovery Instruments – VRI). Son mecanismos que permiten que si el país mejora más de lo previsto, paga más; si el país no mejora, paga menos».

“Un país sujeto a tanta incertidumbre, en términos de reestructuración de deuda, podría apoyarse en este tipo de esquemas flexibles para retomar la confianza en los inversores. Esta es una condición necesaria para la canalización de inversión extranjera directa en el país, sobre todo considerando que hemos estado en default tanto tiempo. La confianza se construye con pequeñas victorias y con el tiempo. Es mejor priorizar la protección del flujo de caja, al menos en una primera fase de estabilización”, da el tiro de gracia.

La reestructuración de la deuda venezolana no es solo un rompecabezas de bonos en mora y litigios en tribunales neoyorquinos; es el peaje ineludible para que el país recupere su lugar en la economía global.

Mientras el reloj financiero sigue corriendo y los intereses se acumulan en una cifra que desafía la lógica, la verdadera pregunta no es cuándo se sentarán las partes a negociar, sino cuánto margen de maniobra le quedará a una nación que necesita, simultáneamente, reconstruir su infraestructura y saldar las facturas del pasado.

Al final del día, el éxito de este proceso no se medirá en el porcentaje de quita logrado, sino en la capacidad de devolverle a Venezuela un futuro que deje de estar hipotecado.

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