#Expertos: Un "milagro" petrolero aún luce poco probable en Venezuela
Alberto Cisneros, CEO de Global Business Consultants y el profesor Francisco Monaldi pusieron en perspectiva el escenario petrolero ante la «nueva relación» entre Venezuela y Estados Unidos. En resumen, coinciden en que las expectativas deben moderarse.
El panorama energético de Venezuela ha dado un giro sísmico tras la extracción del presidente Nicolás Maduro el pasado 3 de enero de 2026, bajo la denominada “Operación Resolución Absoluta”. Lo que hace apenas unas semanas era un sector estancado por sanciones y desinversión, hoy se proyecta como el tablero de juego más complejo de la geopolítica mundial.
Mientras la administración Trump sugiere una “cuarentena militar” sobre la infraestructura estatal, el Departamento de Energía de EEUU asume un rol de supervisión indefinida, la pregunta no es solo cuánto petróleo puede volver a fluir, sino bajo qué condiciones de soberanía y gobernanza se reactivarán los yacimientos más grandes del planeta.
La viabilidad de esta “reconstrucción petrolera” se enfrenta a una realidad técnica devastadora: recuperar los niveles de producción de los años 70 requeriría una inversión estimada de 100.000 millones de dólares a lo largo de una década.
Mientras el mercado de futuros ya reacciona con una tendencia a la baja en el precio del barril WTI —proyectado hacia los 54 dólares para finales de 2026—, las gigantes como ExxonMobil y ConocoPhillips observan con cautela.
A pesar del entusiasmo de Washington, los directorios de estas corporaciones sopesan un riesgo país que no ha desaparecido con la captura del mandatario venezolano, sino que ha mutado hacia una incertidumbre jurídica sobre la validez de los futuros contratos y la seguridad de sus activos en suelo venezolano.
Finalmente, el impacto inmediato se siente en la logística del crudo pesado. Tras el desmantelamiento de la “flota oscura” que desviaba el petróleo hacia Asia, los cargamentos han comenzado a ser redirigidos masivamente hacia las refinerías del Golfo de México, lo que marca un hito en la seguridad energética estadounidense.
Sin embargo, este renacimiento exportador ocurre en un contexto de Estado de Conmoción Exterior y un gobierno interino que debe equilibrar la presión de las potencias occidentales con la fragilidad social interna.
El destino de PDVSA se decide en una tensa intersección entre la seguridad nacional de EEUU y la necesidad urgente de capitales para evitar el colapso definitivo de la economía venezolana.

«Lo que hay que ver es que estas empresas son sumamente conservadoras, y mientras no haya seguridad jurídica, no abrirán operaciones»: Alberto Cisneros, CEO de Global Business Consultants..
Una transición “sui generis”
Alberto Cisneros es un ejecutivo con amplia experiencia en consultoría internacional. Actualmente desempeña el cargo de Director Ejecutivo y Presidente de Global Business Consultants (GBC), firma especializada en outsourcing estratégico para el sector petróleo y gas en América Latina.
Para comenzar, el experto se refiere al cambio de régimen, lo cual implica -dice- la salida de Rusia, que, de cualquier modo, ya iba en retirada. Lo mismo pasa con China, asevera, y con Irán, “que es el más difícil por cuanto ese país está diversificado no sólo en la parte petrolera -en la cual no participa, prácticamente-, sino en algo tan sencillo como control y supervisión de supermercados”, da los primeros trazos.
El acceso y control en supermercados iraníes, como el notable Megasis en Venezuela, se centra en la bioseguridad (cámaras térmicas y desinfección), cumplimiento de estándares Halal para productos cárnicos, y sistemas de pago/inventario (TPV), al gestionar una oferta variada que incluye productos locales e importados en procura de la autosuficiencia y respuesta a sanciones, aparte de reflejar una mezcla de modernidad tecnológica y adherencia a tradiciones religiosas en su operación.
Hecha esta precisión, el CEO de Global Business Consultants explica que la transición que está en marcha implica el fin de las “flotas fantasmas”. Y va a la flor de las inquietudes populares: “lo que no sabemos es si esta transición va a durar dos o tres semanas, o dos o tres meses, si no más”.
Tras el ataque “selectivo” de aviones y drones estadounidenses el pasado 3 de enero en horas de la madrugada, y la consecuente extracción del presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores, Donald Trump apareció en TV internacional garantizando -y esa es la justa palabra- que EEUU tomaría el control de Venezuela hasta que se gestionara una transición eficiente.
El mandatario estadounidense también dijo que no habría más acciones militares, mientras la vicepresidenta Delcy Rodríguez asumía como mandataria interina de Venezuela.
Lo que sí es un hecho es que Chevron ha instado a sus empleados desperdigados por el mundo a volver a Venezuela, y hace poco despachó un cargamento de 300.000 barriles de crudo nacional a EEUU.
Cisneros vuelve a su declaración, y dice que los acuerdos para el regreso de transnacionales interesadas podrían tomar dos o tres meses, o más, “conforme satisfaga o no a Washington”. Cree que una solución inmediata luce poco realista.
“Los EEUU quieren un cambio irreversible. Sin embargo, esto hay que demostrarlo, a través de varias pruebas, o circunstancias, en torno a cómo esta especie de protectorado en que se encuentra Venezuela vaya a evolucionar”, una sombra negra le raja la mirada.
El pasado martes, 6 de enero, Trump aseguró que Venezuela le entregará a su país entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo.
Chevron es el rey
Al respecto, Alberto Cisneros dice que esto no es más que el equivalente a 100.000 barriles diarios. “Esto es, probablemente, lo que Chevron -el único actor internacional importante que está en Venezuela- pueda levantar”, sentencia.
Por otra parte, el experto desemboca en el tema de los diluyentes que requiere el crudo extra pesado de Venezuela. Esos diluyentes “venían de Rusia e Irán, conforme fuera el caso”, indica el entrevistado. “Las refinerías nuestras están en la carraplana -si me dispensa la expresión- y no tienen la capacidad de producir esas naftas y gasolinas”, frunce el entrecejo.
De modo que, calibra el experto, tendrá que ser EEUU quien elija un proveedor de diluyentes, lo cual -pondera- es un problema de producción relevante. Asimismo, se necesita una centena de billones de dólares levantar la infraestructura de la afectada industria petrolera nacional.
Cisneros va al meollo del asunto: ¿Cómo vendrían las grandes corporaciones de nuevo? “Lo que hay que ver es que estas empresas son sumamente conservadoras, y mientras no haya seguridad jurídica, no abrirán operaciones. Hablo de ConocoPhillips, por ejemplo. Por otro lado, queda en el aire la pregunta sobre si se podría dar una nueva apertura petrolera. Las empresas son privadas, y el acicate de Trump no será suficiente”, dice sin ambages.
Hay un atoramiento en almacenamiento actualmente en Venezuela, por lo cual tal vez haya que parar la producción. Es posible que luego se reanude y lleguemos a un techo de unos 900.000 barriles por día.

«Si se sumaran otras petroleras, que supongo que les van a dar licencia, podemos llegar a un incremento de 200.000 barriles por día”: Francisco Monaldi, analista y profesor de la Universidad de Rice.
Las refinerías del Golfo
“Se ha hablado de que las refinerías del Golfo de México son las que requieren de nuestro crudo, pero eso ha cambiado mucho. Estas refinerías han modificado sus tecnologías o se han adaptado a otro tipo de crudo. Hasta el 2030, tal vez nuestro crudo tenga chance”, se encoge de hombres.
Respecto de los precios, indica que en líneas generales la variación ha sido muy leve, porque Venezuela representa apenas 1% de la producción mundial.
El profesor de la Universidad de Rice, Francisco Monaldi, señala que es difícil hablar de escenarios, porque hay “demasiada incertidumbre sobre cómo el gobierno interino y los EEUU van a funcionar”.
Cree que, si bien se está planeando exportar a EEUU, e incluso fuera del gigante del norte, “el bloque será inicialmente negativo”.
Viendo en el horizonte, Chevron es la empresa que tiene la posibilidad de incrementar producción, porque es la única estadounidense, y “no sabemos si darán licencia a Repsol y Maurel & Prom”. Hablamos -asegura- de varios meses antes de que haya inversión.
Quizá haya un aumento de producción de entre 100 y 150.000 barriles por día. “Ya si se sumaran otras petroleras, que supongo que les van a dar licencia, podemos llegar a un incremento de 200.000 barriles por día”.
Algunos consultores dicen que se sumarían en el corto plazo 2 millones de barriles, pero esto -opina Monaldi- es futurología. No sabemos cómo se va a entender EEUU con Delcy Rodríguez, y el resto de la nomenclatura gobernante en Venezuela.
Para poner la guinda
De modo que, a guisa de conclusión, se puede decir que el optimismo de los mercados tras la extracción del presidente Maduro —reflejado en el repunte de las acciones de las grandes petroleras— se enfrenta ahora a la cruda realidad de una infraestructura en condiciones complejas.
Aunque las promesas de una lluvia de inversiones sugieren un retorno al esplendor de antaño, los expertos coinciden en que la recuperación será una maratón y no un sprint.
Sin un marco legal que garantice confianza a largo plazo y una reestructuración de deuda que hoy parece laberíntica, el petróleo venezolano seguirá siendo una ‘promesa bajo tierra’.
El éxito de esta nueva etapa no se medirá por el volumen de los titulares, sino por la velocidad con la que los taladros vuelvan a perforar bajo un modelo de transparencia que el país no conoce desde hace décadas.
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