Denso, pegajoso y pesado: ¿Por qué el crudo venezolano es el "objeto de deseo" de las refinerías estadounidenses?
Un reporte del medio The Guardian destaca que el acceso al crudo venezolano a precios competitivos es una pieza clave en la promesa del presidente Donald Trump de «reindustrializar» la economía estadounidense.
De acuerdo a un análisis publicado hoy por el diario británico The Guardian, el complejo sistema de refinación de la Costa del Golfo de Estados Unidos se perfila como uno de los grandes vencedores tras la reciente intervención de la administración Trump en Venezuela.
Aunque Estados Unidos se ha consolidado como uno de los mayores exportadores de petróleo del mundo gracias al fracking, sus refinerías se enfrentan a una paradoja técnica que convierte al crudo venezolano en un recurso indispensable.
El reporte detalla cómo estas infraestructuras, descritas como «reliquias de otra época», fueron diseñadas específicamente para procesar crudos pesados y sulfurosos de América Latina, y no el petróleo ligero y dulce que brota de los campos de esquisto estadounidenses.
La paradoja de la calidad: «Casi un alquitrán»
El texto describe el crudo venezolano como «particularmente denso y pegajoso», con un alto contenido de azufre que lo hace asemejarse más a un «alquitrán semisólido» que a los líquidos claros extraídos en Texas o Dakota del Norte.
Procesar el petróleo ligero del shale en refinerías diseñadas para crudo pesado es ineficiente para producir diésel, combustible para aviones y materias primas petroquímicas.
Sin embargo, el crudo venezolano es, irónicamente, la «dieta perfecta» para la que fueron construidas estas plantas multimillonarias.
Cifras y geopolítica
El artículo cita datos históricos y proyecciones señalando un cambio drástico en los flujos comerciales: A finales de la década de 1990, EE. UU. importaba casi 2 millones de barriles diarios (bpd) de Venezuela. Para finales de 2025, esa cifra se había desplomado a apenas 135.000 bpd.

Evolución de los despachos de crudo venezolano por país de destino
Los analistas sugieren que las refinerías estadounidenses tienen la capacidad inmediata de absorber 1 millón de barriles adicionales por día provenientes de Venezuela. Además son instalaciones que emplean al menos a unas 80 mil personas y generan más de tres millones de puestos de trabajo en forma indirecta, según estimación de Oxford Económica.
Esto permitiría a EE.UU. reducir su dependencia del crudo pesado canadiense (más costoso de transportar) y, estratégicamente, desviar las exportaciones venezolanas que durante los años de sanciones fluyeron mayoritariamente hacia China.
La estrategia de «reindustrialización»
El reporte subraya que el acceso al crudo venezolano a precios competitivos es una pieza clave en la promesa del presidente Donald Trump de «reindustrializar» la economía estadounidense mediante energía barata.
Sin embargo, The Guardian advierte que esto es una «apuesta a largo plazo»: la infraestructura petrolera de Venezuela ha sufrido un deterioro masivo y requerirá inversiones que se estiman por encima de los 30 mil millones de dólares de acuerdo a Rystad Energy, además del tiempo para recuperar los niveles de producción necesarios para saciar la sed de las refinerías del Golfo.
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