Changan Changan Foton
17/03/2026 10:25 PM
| Por Pedro Pacheco Rodríguez

#Análisis El trilema de la caja: ¿Dolarización, bolívar o bimonetarismo?

Es tentador creer que un cambio de signo monetario resolverá por sí solo los desequilibrios estructurales, pero la realidad es más pragmática: el modelo monetario no reemplaza la disciplina, la hace más visible.

#Análisis El trilema de la caja: ¿Dolarización, bolívar o bimonetarismo?

Desde la apertura económica de inicios del 2026, el debate sobre la conveniencia de dolarizar legalmente la economía venezolana, mantener y rescatar la moneda local, o formalizar un esquema bimonetario con reglas claras, se ha convertido en una cuestión relevante.

No existe consenso entre economistas y analistas – y eso no es un defecto del debate, sino una señal de su complejidad – porque no se trata solo de un asunto técnico económico, es también ideológico, cultural, expectativas sociales, incentivos políticos y memoria inflacionaria.

La Trinidad Imposible

En economías con “shock externos” frecuentes como la venezolana – eventos extraordinarios, repentinos e imprevisibles como: altibajos en los precios del petróleo, pandemias, desastres naturales, cambios en los términos de intercambio globales – el referido “trilema” suele aparecer cada cierto tiempo.

Este dilema en economía se conoce como la Trinidad Imposible (Modelo Mundell-Fleming).

Este postulado defiende que un país no puede sostener simultáneamente: estabilidad de precios inmediata, libres movimientos de capitales, y autonomía monetaria y financiera para responder a crisis y ajustar liquidez.

Cada modelo prioriza algunas de estas dimensiones y resigna parcialmente otras. Por eso el debate es tan difícil: no se elige “lo perfecto” sino lo más coherente con la estructura productiva, el sistema financiero, y la institucionalidad disponible.

El presidente ejecutivo de la ABV, Pedro Pacheco Rodríguez, abordó los nuevos retos de la contaduría pública durante el acto de conmemoración de los 50 años de la promulgación de la Ley de Ejercicio de esta profesión.

Hay quienes, sin saberlo, piden la dolarización que puede matar a sus empresas. Pedro Pacheco Rodríguez.

Supervivencia competitiva

Hay quienes, sin saberlo, piden la dolarización que puede matar a sus empresas.

Para la alta dirección de las organizaciones esta no debería ser una discusión ideológica sino de supervivencia competitiva, la cual requiere del análisis exhaustivo de variables reales: naturaleza de los costos operativos, cargas administrativas, política arancelaria, costo del financiamiento, carga tributaria, capacidad de innovación, tecnología disponible, costos transaccionales, estado de la infraestructura que da soporte a los servicios públicos, escasez de talento, entre otras.

Con el fin de contribuir al análisis desde el pragmatismo gerencial, es pertinente observar y analizar vías que otras economías de la región han optado, empujadas luego de largos periodos de inflación o hiperinflación.

Dolarización oficial: El ancla (Estilo Ecuador/ El Salvador)

El estado adopta el dólar como moneda única.

Esta alternativa tiene la ventaja de eliminar el riesgo cambiario interno y puede facilitar tasas de interés más bajas y plazos más largos, siempre y cuando el referido país mejore su riesgo soberano, el marco jurídico y la intermediación financiera.

Permite que la gerencia se enfoque 100% en el negocio y no en la obtención de divisas, ni en el arbitraje cambiario.

La dolarización, como es el caso de El Salvador, puede ser una decisión planificada y no una respuesta de emergencia, como suele predominar.

Para las empresas que no son eficientes – luego de largos periodos de inflación o hiperinflación – con la dolarización existe el riesgo que productos y servicios importados las “barran”.

Al perderse el “amortiguador” cambiario, ante un “shock externo” fuerte, el ajuste ocurre vía caída de la actividad económica, mayor desempleo y disminución  de los márgenes.

La economía queda sin un prestamista de última instancia “pleno” porque el banco central pierde la capacidad de emitir su propia moneda para responder a una crisis de liquidez: eso obliga a tener un sistema bancario robusto, reglas prudenciales estrictas, seguro de depósito creíble y acceso a líneas de crédito externas.

Si los costos internos suben más rápido que la productividad, el país puede encarecerse, afectar las exportaciones y abrir mayores espacios para las importaciones, ante una moneda demasiado fuerte.

En estas circunstancias aparece el riesgo del denominado “Efecto Puerto Rico”: un escenario donde los costos operativos (salarios, servicios, alquileres) se indexan a niveles internacionales, pero la infraestructura y la productividad interna no crecen al mismo ritmo.

Para el empresario, esto se traduce en una ‘trampa de costos’: se vuelve más barato importar un producto terminado que fabricarlo localmente, lo que destruye, en consecuencia, el tejido industrial y convierte al país en una economía de servicios dependiente del consumo, pero con poca capacidad de generación de riqueza real o exportación competitiva».

#Análisis El trilema de la caja: ¿Dolarización, bolívar o bimonetarismo?

«Luego de largos periodos de inflación e hiperinflación, la moneda local puede funcionar – pero solo si se construye credibilidad y estabilidad sostenida – ya que, de lo contrario, el resultado tiende a ser más informalidad e incertidumbre».

Moneda local: El muro de la desconfianza mental (Estilo Bolivia)

Se intenta rescatar la soberanía monetaria. En America Latina la experiencia muestra que el gran obstáculo no es técnico, sino psicológico-institucional – tras largos periodos de inflación o hiperinflación – la población se acostumbra a pensar en divisas.

Recuperar la confianza no se logra por decreto; requiere de años de consistencia macroeconómica y, como mínimo, tres condiciones: un banco central con independencia, protegido para no financiar déficit; una política fiscal con déficit controlado y financiamiento sostenible; y un marco institucional estable que reduzca incertidumbre y premie el ahorro en moneda local.

Cuando esos pilares no existen, la defensa de la soberanía monetaria suele derivar en más controles, prohibiciones, distorsiones y presión sobre las reservas internacionales. Es entonces cuando ocurre lo peor para la gerencia; se multiplican los costos transaccionales, vuelve el arbitraje como mecanismo de supervivencia, se perjudica a las cadenas de suministros y el crédito se vuelve escaso.

Luego de largos periodos de inflación e hiperinflación, la moneda local puede funcionar – pero solo si se construye credibilidad y estabilidad sostenida – ya que, de lo contrario, el resultado tiende a ser más informalidad e incertidumbre.

Esquema bimonetario: La flexibilidad estratégica (Estilo Perú/Uruguay)

Coexistencia legal de la moneda local y divisas  – bajo reglas muy claras – con un sistema financiero que opera formalmente en ambas. En estos modelos, el dólar no está prohibido ni vive en la “sombra”. Los ciudadanos pueden ahorrar, pagar bienes y pedir préstamos en dólares o en su moneda local en bancos nacionales.

El éxito de Perú radica en que su banco central es independiente, incluso para fijar los sueldos de sus funcionarios, asegurándose por esta vía de contar con el talento más capacitado. Los políticos no pueden obligarlo a imprimir dinero para pagar deudas del gobierno.

En Perú, en los años 90, el 80% de los ahorros estaban en dólares. Actualmente, tras décadas de estabilidad y confianza en el banco central, la mayoría de los peruanos prefieren ahorrar en la moneda local, porque ofrecen mejores tasas de interés.

El sistema que Venezuela mantiene desde el año 2019 no es una dolarización formal, es una dolarización de facto o informal, una herramienta de supervivencia que, aunque útil, llega un momento en que se vuelve ineficiente, principalmente por dos razones que un modelo de dolarización oficial o bimonetario pudiese resolver:

  • Créditos inexistentes. En la dolarización informal, los dólares en su mayoría no circulan por el sistema bancario. Esto impide que el ahorro en dólares se convierta en crédito, se incorpore a la producción y, por ende, sea fuente de recaudación fiscal. Existe una dolarización de facto para hacer pagos pero no para dar financiamiento.
  • Complejidad administrativa. Las empresas tienen que llevar una contabilidad mental o fiscal compleja con los distintos tipos de cambio, originando distorsiones en las estructuras de costos. Un esquema formal legaliza el patrimonio, protegiendo el valor de la empresa ante auditorias internacionales y facilita la entrada de socios extranjeros.

El factor monoproductor y el desafío regional

La condición monoproductora petrolera de Venezuela, alta dependencia de las importaciones y su vínculo comercial regional, son aspectos a considerar seriamente a la hora de elegir una dolarización formal.

Si Venezuela se dolariza oficialmente y Colombia devalúa el peso, los productos y servicios venezolanos se vuelven caros, un “lujo” difícil de vender al vecino, mientras por otra parte, se abaratan los bienes importados, resultando en mayor presión sobre la industria nacional y el desempleo.

En este escenario, el bimonetarismo actúa como un escudo. Permite que el tipo de cambio absorba parte de los shocks petroleros y cambiarios de la región, impidiendo que la economía nacional sea asfixiada, y haya pérdida de puestos de trabajo.

#Análisis El trilema de la caja: ¿Dolarización, bolívar o bimonetarismo?

En un “vecindario” donde los socios comerciales devalúan sus monedas para ganar competitividad (el real brasileño o el peso argentino), una economía venezolana rígidamente dolarizada corre el riesgo de convertirse en una isla de costos altos.

Pensar en el futuro: visión estratégica y de largo plazo

Si en el mediano plazo Venezuela buscase reintegrarse plenamente a bloques comerciales como el Mercosur, la dolarización oficial podría transformarse en una «camisa de fuerza» cambiaria.

En un “vecindario” donde los socios comerciales devalúan sus monedas para ganar competitividad (el real brasileño o el peso argentino), una economía venezolana rígidamente dolarizada corre el riesgo de convertirse en una isla de costos altos, incapaz de exportar y vulnerable a la invasión de productos y servicios importados más baratos.

En este escenario, el bimonetarismo formal se presenta como una opción estratégica de flexibilidad.

Actúa como un puente: ofrece la seguridad y el respaldo que el inversionista extranjero exige (en divisas), pero mantiene un bolívar con capacidad de «dialogar» y ajustarse a las realidades de la región.

No se trata solo de elegir una moneda, sino de diseñar un sistema que permita a la economía nacional absorber “shocks” externos.

La dolarización oficial es un ancla excelente para detener la inflación, pero puede convertirse en un dolor de cabeza si el país no logra ser más eficiente que sus vecinos.

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«La dolarización sacrifica autonomía; la moneda local con controles sacrifica el libre movimiento de capitales; y el bimonetarismo busca un equilibro precario pero flexible».

 Más allá de la moneda

Es tentador creer que un cambio de signo monetario resolverá por sí solo los desequilibrios estructurales, pero la realidad es más pragmática: el modelo monetario no reemplaza la disciplina, la hace más visible.

La dolarización sacrifica autonomía; la moneda local con controles sacrifica el libre movimiento de capitales; y el bimonetarismo busca un equilibro precario pero flexible.

Quizás por ello, el consenso más urgente no deba girar en torno a «qué moneda» usar, sino cuales son las reglas e instituciones que sostendrán ese sistema.

Un país puede operar bajo una dolarización plena, un esquema bimonetario o moneda local, y aun así fracasar, si mantiene déficits crónicos, ausencia de un banco central independiente, marcos jurídicos volátiles y un sistema financiero sin profundidad.

La moneda es, en última instancia, un mecanismo de comunicación: transmite la salud de la economía, pero no la crea.

El éxito de las empresas en esta nueva realidad no vendrá exclusivamente de una ley monetaria, sino de una gerencia que deje de buscar rentabilidad en la distorsión cambiaria y la consiga mediante productividad operativa eficiente que provenga de la combinación de una gestión privada competitiva y de condiciones propicias del país.

* El autor es doctorando en Gerencia, UCV.  Expresidente de PwC Venezuela, Consultor Gerencial, Actualmente presidente ejecutivo de la Asociación Bancaria de Venezuela.

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