Sanciones de EEUU: realismo político y económico

Luis E. Fidhel González *

Sanciones de EEUU: realismo político y económico

Las nuevas interpretaciones globales sobre las relaciones internacionales rescatan y resaltan el papel de los aspectos económicos y sociales incorporando un mayor número de actores al estudio de su dinámica disminuyendo o ponderando “racionalmente” el papel del Estado superando la tesis del realismo político.

El “realismo económico” si bien acoge la esencia de los postulados de lo “político”, sin embargo conlleva a su reformulación destacando que los “gobiernos y hombres de Estado”, así como otros “actores políticos”, piensan en términos de “interés económico” siendo una categoría objetiva de interés universal aunque sin carácter inmutable.

A pesar que la “revolución bolivariana” y particularmente el discurso de Hugo Chávez se había manifestado abiertamente antisistema, es decir contra el capitalismo, liberalismo, globalización, burguesía e imperialismo; los compradores de deuda venezolana particularmente del exterior mantenían confianza en el gobierno porque los altos precios del petróleo para el momento garantizaban que habría dinero para pagarla y de alguna forma subsidiaba la plataforma política del entonces presidente.

Siendo lo “alto del precio” un indicador importante al momento de comprar una emisión de deuda, gracias al “ciclo petrolero” daba una perspectiva clara y positiva de una balanza comercial favorable a favor de Venezuela.

Además, nada indicaba que Chávez saldría del “poder” al no haber una alternativa opositora clara ni existían los justificativos legales para que sucediera.

El gobierno de Nicolás Maduro mantiene un discurso similar pero menos altisonante, la sustancial baja de los precios y exportaciones petroleras consecuentemente la disminución de ingresos y efectos prácticos en el ámbito económico aunado a las sanciones, restricciones o limitaciones de carácter comercial – económico por el gobierno norteamericano, sorprendentemente lo ha llevado a un discurso conciliatorio con el sistema económico- financiero que en el discurso dice aborrecer, superar e inclusive promover su extinción.

Expone la Oficina de Control de Activos Foráneos de los EEUU que el gobierno de Venezuela liquida activos a un “descuento significativo” en detrimento del “pueblo venezolano”. En este sentido, las sanciones se han justificado para evitar que personas estadounidenses contribuyan a financiar este tipo de operaciones – endeudamiento o liquidación de activos – para procurar no afectar el mercado e inversionistas; dependiendo de la rama del sector público particularmente Petróleos de Venezuela S.A. o el gobierno venezolano.

Como excepción permite todo tipo transacciones financieras de CITGO, sin embargo prohíbe el pago de dividendos a su único accionista que es PDVSA.

Maduro precisó que el 62% de tenedores de bonos son inversionistas de los EEUU, 12% del Reino Unido y el 6% del Canadá. “Trump les quemó en las manos los papeles de la deuda”, dijo. Reconociendo que el impacto de las medidas causan un “gran daño financiero, energético y económico” al país; acusando a la “derecha venezolana” de solicitarlas.

El mandatario venezolano en el acto de reinauguración del Hotel Marriot en Maracay manifestó: “Yo quiero inversionistas de EEUU en todas las áreas de trabajo (…) nosotros queremos a los Estados Unidos y queremos a los inversionistas (…) tenemos buenas relaciones más allá de lo que ustedes saben. Somos un país confiable donde la inversión está asegurada”.

Posteriormente ha reiterado que entró en contacto con los inversionistas de grandes empresas estadounidenses que tienen capitales y están produciendo en Venezuela, para una reunión que busque soluciones y se mantengan en el país trabajando, produciendo y siguiendo siendo socios estratégicos en una visión de país y del mundo distinto al este que intentan imponer.

Manifiesta la voluntad de seguir vendiéndole petróleo a los EEUU, pero por estas “medidas de persecución financiera” parece que Trump no quiere que siga Venezuela siendo un “suministrador seguro de petróleo”.

Aseguró en Moscú al presidente Vladimir Putin que pagará la deuda que tiene con Rusia y China a pesar de las sanciones impuestas por Estados Unidos que han afectado la relación con sus acreedores.

La imposición del “veto migratorio” coetáneamente a Corea del Norte y Venezuela sugeriría que el gobierno norteamericano considera a ambos países como un “riesgo geopolítico” para sus intereses inclusive ha insinuado la “opción militar” si fuese necesario aseverándose que el papel que pudieran jugar China y Rusia convierte a Venezuela en un problema de “geopolítica mundial”.

Las relaciones de los EEUU – Rusia no son de carácter ideológico como sucedió con la extinta Unión Soviética, sino político procurando la tendencia a la negociación u acuerdo no resultando descartables inclusive se pueden logra sin dificultad.

Las relaciones Putin- Trump (también lo fueron con las anteriores administraciones estadounidenses) resultan pragmáticas o no han sido ideologizadas; no necesariamente involucran a los Estados que representan sino acuerdos tomados por decisión o consenso mutuo de ambos jefes de Estado en el marco de sus “intereses individuales”, sean de carácter político u económico, asumiéndose como “socios”. Especie de relaciones de “cooperación sui generis” en el ámbito internacional que no descartan el “conflicto” o “animadversión de intereses” o tácitamente lo sugiere.

No olvidemos que en mayo del presente año el vice fiscal General de los Estados Unidos, Rod Rosenstein, nombró a un fiscal especial para investigar cualquier vínculo y/o coordinación entre el gobierno ruso e individuos asociados a la campaña del candidato Donald Trump, cuyos resultados, si son concluyentes, podrían afectar la continuidad en el poder del Presidente y Partido Republicano.

En este sentido no resulta descartable el acuerdo para que el presidente ruso, por la cercanía geográfica o interés geoestratégico, atendiera el conflicto sirio en tanto el norteamericano el venezolano.

Basta recordar, en virtud de la segunda guerra del Golfo del año 2003 y a pesar de las profundas diferencias de la “sociedad estratégica” entre Washington y Moscú, que las relaciones personales contaban enormemente y en especial para el presidente George W.  Bush quien había quedado decepcionado porque Putin no se comportó “como un amigo” en Iraq, según reportó la revista Newsweek en junio de 2003.

 

* Abogado UCAB. Lic. Estudios Internacionales UCV.
Lefg1968@hotmail.com.

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