La vocación y el trabajo

// Dr. Renny Yagosesky Ph.D en Psicología, Conferencista y Escritor @DoctorRenny


Desde el propio momento de nuestro nacimiento, en cada comportamiento público o privado, se expresan nuestras tendencias de personalidad, las preferencias que nos definen e identifican como seres particulares y diferentes a otros de nuestra misma especie. Algunas de esas tendencias parecen venir impresas en nuestro código genético, son rasgos esenciales de nuestro ser, el temperamento, lo que tenemos de genuino.

Esas marcas innatas, sufren ciertas modificaciones, dependiendo de los entornos en los que nos toca vivir. Casi todo lo que aprendemos, se debe al ensayo y el error, a los premios y los castigos, a la  imitación de quienes nos rodean y a las reflexiones que hacemos con base de nuestras vivencias.

La sumatoria de lo biológico y de ese aprendizaje, configura la personalidad, de la cual brota la vocación que nos hace elegir a qué nos vamos a dedicar, cuál es nuestra vocación, en qué vamos a trabajar. Y conviene tener presente que esa es una decisión de peso, pues una persona trabaja unas 100 mil horas en 40 años de vida laboral. De manera que una de las peores decisiones que podemos tomar es dedicarnos a algo que no nos “vibre”.

En esencia, la vocación es una predisposición mental y emocional que nos impulsa a realizar cierto tipo de tarea, profesión u oficio, que nos resulta atractivo y estimulante. Es aquella práctica que mueve nuestra fibra, que agita nuestra pasión y nos impulsa a levantarnos cada mañana con el deseo de lograr y avanzar.

Lamentablemente, no son muchos quienes trabajan en algo que realmente les guste. Como bien ha dicho Robert Kiyosaky, eligen desde el miedo y se anclan en trabajos y rutinas que odian, que les aburren, y en los cuales difícilmente encontrarán buena fortuna.

Cuando estamos movidos por la vocación, disfrutamos más lo que hacemos y realizamos menores esfuerzos, somos más creativos y buscamos en las situaciones el lado positivo. Es algo similar a lo que ocurre con el enamoramiento en la pareja, que llena la mirada de color, hace que el futuro se percibe promisorio y nos invita a ser más audaces, resistentes y capaces. Bien decía Antón Chéjov: “cuando pienso en mi vocación no temo a la vida”.

Algunas personas tienen dificultad para dar con esa señal, y les cuesta analizarse, calibrarse, y se ven obligados a buscar orientación. Aunque no es tan difícil determinar aquello que nos gusta y para qué somos naturalmente buenos, puede ser necesario recibir ayuda. En esos casos hay algunas preguntas que pueden ser de utilidad:

  • ¿Cómo desearíamos ser recordados cuando ya no estemos vivos?
  • ¿Cuál es la retribución que deseamos dar a la humanidad con nuestro trabajo?
  • ¿Qué haríamos sólo por placer si tuviésemos el tema económico resuelto?
  • ¿Qué actividad nos hace disfrutar y perder la noción del tiempo?
  • ¿A qué nos gustaría dedicar el resto de la vida?
  • ¿Prefiero trabajar con personas o en un ambiente solitario?
  • ¿Qué tanto me gusta tener jefe y seguir reglas?
  • ¿Cuál es mi trabajo ideal?

No descubrir o no seguir el llamado de la vocación,  puede condenarnos a la frustración, a una vida insatisfecha y conformista, a un debilitamiento gradual de la autoestima y a una baja productividad material.

Hay factores que limitan la expresión de nuestra vocación, como: la moda, los prejuicios y la necesidad. La moda puede hacernos cambiar de rumbo y empujarnos a actividades que están “en boga” y que son socialmente reforzadas. Los prejuicios hacen que dejemos de lado aquello que nos resulta atractivo, para seguir las tradiciones y esquemas que otros valoran como adecuado o normal. Por ejemplo, hay quienes no se dedican a la educación o a las artes, por considerarlas profesiones “improductivas”. La necesidad puede llevarnos a tomar lo disponible y a ignorar lo deseable. Y puede darse que las altas ganancias en una actividad nos hagan olvidar lo que una vez anhelamos. Sobre eso nos alerta Sam Keen cuando advierte que “no llenemos nuestros bolsillos a costa de vaciar nuestras almas”.

Las investigaciones científicas han demostrado que el trabajo placentero aumenta los niveles de felicidad y también los de éxito, por lo que impacta en otras áreas como la salud y las relaciones.

La sugerencia está expuesta: escuche y respete su naturaleza, venza la pasividad y el conformismo, afronte los temores y siga su instinto. Una vida congruente, una vida auténtica involucra la vocación. No cometamos el pecado de ignorar el llamado y de vivir en el gris de la existencia. Como ha escrito Antoine De Saint-Exupéry: “si traicionas tu vocación te desfiguras”. Hagamos caso, más bien a Maya Lin y su promesa, cuando afirma que “ser capaz de hacer lo que quieres hacer, es una libertad increíble”.

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