La inflación es un fenómeno monetario caracterizado por el crecimiento sostenido en el nivel general de los precios. Obviamente, las causas principales de un proceso inflacionario son el crecimiento de la liquidez monetaria por encima del crecimiento de la producción de bienes y servicios en una economía, así como también la incapacidad del sector productivo de cubrir la demanda de bienes, y en el caso de economías dependientes de la importación de productos (como Venezuela) la cotización de la moneda extranjera es otro elemento a tomar en cuenta.

La inflación reduce la capacidad de acumular riqueza de una persona, ya que el dinero que se guarde sin generar rendimiento superior a la tasa de inflación, reduce el valor real de lo acumulado, y por ende, empobrece a la persona, aun haciendo el esfuerzo de ahorrar.

Venezuela es un país monoexportador petrolero, lo que conlleva que su economía sea tan volátil, como lo es el ritmo de los cambios de precio del petróleo en el mercado internacional. Por ello el manejo de la economía debe tomar en cuenta esta característica macroeconómica.

Desde mediados de la década de 1930 hasta mediados de la década de 1970, la economía venezolana promedió una tasa de inflación cercana a 2% anual, inclusive hubo serie de años en los cuales era menor a la de los países industrializados. Pero el manejo procíclico de la política fiscal, monetaria y cambiaria, no cónsono con la realidad, a partir de mediados de la década de los años 70 y la repetición del mismo manejo a lo largo de tres décadas hasta el día de hoy, así como la inexistencia de programas de ajuste macroeconómico, cuando se han producido colapsos en los precios petroleros como los observados en 1983 y 2008, han originado que la inflación haya crecido inercialmente pasando a niveles de dos dígitos y en los últimos años ha remontado los tres dígitos.

Dada esta circunstancia, el impacto actual de la inflación sobre el poder adquisitivo y ahorros, es una variable crítica.

Cuando se habla de una inflación anual de 1.000%, significa que los precios han crecido diez veces en un año aproximadamente, si es 10.000% la magnitud es 100 veces. En esa misma medida el poder de compra del dinero se ha desvanecido.

Por ello lo básico es colocar el dinero a ahorrar en opciones que garanticen tasas de rendimiento anual superiores al nivel de la tasa inflacionaria y paralelamente, generar ingresos extras que permitan equilibrar el crecimiento de los precios.

Obviamente, las medidas macroeconomicas correctivas para ajustar este fenómeno, se encuadran en aquellas que van hacia el origen del mismo, esto es el control de la liquidez monetaria y su efecto sobre el tipo de cambio, además del incremento de la producción; junto con otras medidas de ajuste que permitan diversificar las exportaciones.

Los controles de cambio, los controles de precio de productos y los aumentos generales de salario por decreto, y medidas como los cambios de conos monetarios, no solucionan el problema, es más, lo repotencian.

Ahora bien, mientras las autoridades deciden tomar las decisiones económicas correctas, lo sensato es tomar acciones personales en este momento. Así, las recomendaciones lógicas son: buscar ofertas, adelantarse y comprar cosas necesarias que luego subirán de precio, invertir el dinero y no dejarlo inactivo, no endeudarse en moneda extranjera, diversificar los ingresos, redimensionarse, invertir en uno mismo, gastar solo lo necesario y aprovechar oportunidades de comprar activos en vez de vender.

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