La comunicación y el liderazgo

// Dr. Renny Yagosesky Ph.D en Psicología, Conferencista y Escritor @DoctorRenny


El liderazgo, en esencia, es la capacidad o la habilidad que tienen las personas para influir en otros, para lograr que se comprometan voluntariamente en la creación de cambios, en alcanzar una visión o un norte que se supone sería un mejoramiento de las condiciones de una realidad determinada.

Debido a que el liderazgo es influencia, tiene su espacio de de cristalización en las relaciones, por lo que su vehículo fundamental es la comunicación. Para decirlo de manera categórica: no hay liderazgo sin comunicación y no puede desplegarse un buen liderazgo con una mala comunicación. Por lo tanto, todo aquel que pretenda ser un líder eficaz, es decir, influyente, debe ser un buen comunicador. Esto significa que debe poder alinearse con la mentalidad de quienes le apoyan. Eso que William Butler Yeats llamaba: “comunicarse en el idioma de la gente”.

La comunicación permite al líder expresar su visión, su norte estratégico; lograr conexión con sus seguidores; unificar intereses, diferentes; rebatir argumentos que se opongan a sus metas y otras metas significativas.

La comunicación del líder no es únicamente verbal, pues los líderes más destacados comunican con palabras, con su apariencia y con su congruencia, pues su accionar termina siendo un cristal a través del cual se transparentan sus creencias y valores.

Además de ser bueno expresando sus ideas, el líder tiene también el deber de escuchar, que es la otra mitad del arte de la influencia. Para influiré hay que conocer  y para conocer es necesario observar, y escuchar es la observación que hacemos con los oídos. Escuchar es un factor clave, un hilo invisible que une al líder con a sus seguidores, que les permite conocerse y captar para satisfacer sus necesidades mutuas. Decía Robert Gately que “la comunicación efectiva comienza con la escucha”, y para Jada Pinkett Smith: “La comunicación es la mejor forma de crear relaciones fuertes”.

El asunto es que con frecuencia, los líderes muestran un ego fuerte y se sienten demasiado convencidos de tener siempre o casi siempre razón. Siendo así, subestiman otras ideas, en espacial si contradicen sus percepciones y paradigmas. Se envuelven con un manto de infalibilidad y dejan de escuchar y por lo tanto de aprender de sus seguidores.

Si vamos a la realidad cotidiana, sabemos que existen aspectos en la ejecución de las tareas diarias, que solo pueden ser percibidos por quienes hacen el “trabajo de calle”. La vida que ve el ejecutivo que se sienta en el último piso de la torre de oficinas, no es la que percibe el empleado o el vendedor de calle. Y todos tienen algo valioso que decir y algo importante que enseñar.

A manera de resumen, digamos que el liderazgo es el ejercicio de la influencia, que el liderazgo es relación y que la relación se hace viable por mediación de la comunicación. Por lo que un buen líder debe ser un buen comunicador. Y para llegar a serlo, debe saber expresarse y además saber escuchar. Así podrá  captar los detalles de la realidad que le rodea y tomar las mejores decisiones dentro de sus posibilidades.  

Lo que no puede hacer un líder es ignorar la comunicación, ni ser mediocre en su manejo, pues esto no solo frustraría sus metas, sino que lo llevaría a pagar un alto precio traducido en soledad, confrontación y rechazo. La comunicación, digámoslo en voz alta: es la suprema clave del liderazgo. Quizás solo debemos aprender los consejos de Séneca, cuando sugiere que lo importante es saber cuándo hablar y cuando quedarse callado. Gracias por leerme.

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