Ajustes económicos parciales y el riesgo bancario de mercado

Luis Brusco*

Cuando un país se encuentra afectado por profundos desequilibrios macroeconómicos, principalmente en los ámbitos fiscal, monetario y cambiario que desestabilizan su economía y que se expresan básicamente en una persistente aceleración inflacionaria, acompañada con una marcada recesión económica y un agotamiento de sus reservas internacionales, requiere con urgencia la aplicación de un programa de ajuste general que incluya en lo fundamental la restitución de un nivel adecuado de los precios relativos (nivel de precios de bienes y servicios, tipo de cambio, tasas de interés y salarios), cambios institucionales que promuevan una rígida disciplina fiscal y permitan la recuperación de la autonomía del banco central, y finalmente la consecución de un oportuno y adecuado financiamiento externo de su balanza de pagos. 

El objetivo del programa será en primera instancia estabilizar la economía para luego echar las bases  que promuevan el crecimiento económico.

En el caso de que no se aplique un programa de ajuste general y en su lugar se ponga en marcha por razones políticas e ideológicas ajustes parciales que no ataquen de forma completa las distorsiones de los precios relativos y las debilidades institucionales, los resultados en el corto y mediano plazo pueden ser peores.

En este escenario surgirían factores inerciales y de expectativas que alimentarían mucho más el proceso hiperinflacionario y la necesidad de seguir financiando monetariamente el déficit fiscal, corriendo el riesgo de que la metástasis económica transcienda el sector real de la economía y comience afectar el sector financiero y sus instituciones.  

A manera de ejemplo vale resaltar que un ajuste macroeconómico no conviene adelantarlo generando expectativas de una gran devaluación y de actualización de los precios de los bienes sin aumentar  las tasas de interés y no poner en práctica un plan de asistencia social  progresivo que compense de manera focalizada los ingresos de la población.

En este contexto la aceleración inflacionaria tendría un componente inercial derivado de ajustes de precios rezagados al cual se sumarían los aumentos por expectativas de devaluación, mientras tanto el cada vez mayor rezago de las tasas de interés acrecentaría la ya preocupante fuga de capitales, acentuando la desestabilización y creando mayores problemas en el mercado bancario.

Como se sabe el riesgo bancario incluye distintos tipos de riesgo, entre ellos el riesgo crediticio, riesgo de liquidez y riesgo de mercado, entre otros, siendo el riesgo de mercado la posibilidad de perder posición en el mismo por un estancamiento o caída importante de sus pasivos por factores internos que disminuyen su competitividad o por medidas macroeconómicas incoherentes que afectan los precios de las transacciones financieras.

Si se toma en cuenta que las medidas económicas que se vienen adoptando en nuestro país en lo que va del presente año apuntan lamentablemente hacia un ajuste parcial e incompleto de la economía sin tocar las tasas de interés, se puede prever que la banca venezolana debe experimentar este año un aumento del riesgo de mercado, que junto a la alta inflación y los incrementos de costos que les impone los rápidos aumentos del tipo de cambio son retos que hoy asumirá y debe superar la eficiente gerencia que actualmente conduce la banca nacional.

*Profesor de la UCV. Ex-Gte de estudios monetarios del BCV. Jefe de estudios de Aristimuño Herrera & Asociados.

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