Semana del 27/2/26 al 06/3/26
Semana del 27/2/26 al 06/3/26
Palabras del Editor

La encrucijada en el camino de la recuperación venezolana

La economía venezolana ha cerrado la última semana de febrero en un punto de inflexión que exige de la alta gerencia una visión de radar, capaz de distinguir entre el ruido político y las corrientes de fondo que están reconfigurando el entorno y su impacto en el ámbito corporativo.

Nos encontramos en lo que los analistas denominan el «Year of Reset», un periodo donde la convergencia de intereses energéticos externos y una agresiva reingeniería regulatoria interna obligan a recalibrar los planes operativos para el resto del año y los próximos.

Las proyecciones discutidas esta semana en los círculos financieros apuntan a un escenario que no veíamos en una década: un crecimiento proyectado del PIB de entre el 12% y 14% para el cierre de año.

Este impulso no es inercial, sino que responde a la consolidación de acuerdos petroleros que podrían inyectar al menos unos 4.000 millones de dólares adicionales a la caja nacional en su primera fase.

Para el liderazgo empresarial, este dato no es solo una estadística de crecimiento, sino un indicador de expansión de la demanda agregada, no en vano se empieza a emplazar en el debate público la necesidad de revisar la estructura de sueldos y salarios tanto en el sector privado como en el público.

Sin embargo, la advertencia es clara: este crecimiento viene acompañado de una estructura de costos que sigue presionada por una inflación de tres dígitos y cuellos de botella logísticos.

Uno de los hitos más relevantes de estos últimos siete días ha sido el comportamiento del mercado bursátil. El Índice de la Bolsa de Valores de Caracas (IBC) alcanzó máximos históricos esta semana, superando las 6.900 unidades.

Estamos presenciando una democratización forzada del financiamiento: La emisión de papeles comerciales indexados (con tasas del 13% anual) se ha convertido en el refugio para el capital de trabajo de empresas medianas y grandes, ante un encaje legal que, aunque con promesas de flexibilización, sigue restringiendo el crédito bancario tradicional.

Instituciones financieras de peso ya han convocado asambleas para marzo para discutir aumentos de capital. Este es un movimiento preventivo estratégico ante la expectativa de una mayor demanda de crédito corporativo en el segundo semestre.

En el plano legal, la ratificación de la constitucionalidad del Decreto de Conmoción Exterior (dictado a inicios de año) introduce una variable de riesgo que los directorios deben monitorear.

Si bien el discurso oficial se enfoca en la «militarización de infraestructura de servicios» para garantizar la operatividad, en la práctica esto otorga facultades extraordinarias al Ejecutivo que podrían impactar la gestión de activos estratégicos y la movilidad de bienes.

Sector Agrario e Industrial: Se han reportado fricciones en las guías de movilización y costos transaccionales «irregulares» en rutas logísticas, lo que está erosionando los márgenes de beneficio en el sector alimentos y consumo masivo.

Digitalización: Como contrapeso, el crecimiento del 41% en transacciones electrónicas reportado recientemente subraya una oportunidad de oro para las fintech y la banca digital en la captura de liquidez.

El tipo de cambio oficial (BCV) cerró la semana en torno a los 417,36 Bs/USD, al mostrar una ligera presión al alza pero manteniéndose dentro de los rangos de intervención previstos.

La brecha cambiaria sigue siendo el termómetro de la estabilidad; cualquier ensanchamiento por encima del 15% debería activar protocolos de protección de inventarios y cobertura cambiaria inmediata.

Al cierre de la semana, cabe reafirmar que ya la resiliencia no es suficiente. En este 2026, la ventaja competitiva pertenecerá a las organizaciones que logren indexar sus estrategias a la recuperación petrolera mientras mantienen una estructura administrativa lo suficientemente ágiles para navegar un marco regulatorio de excepción.

El optimismo es válido, pero debe ser un optimismo enmarcado en el rigor financiero.

Hay que recordar que  aún «en medio del caos, también hay oportunidad», como dijo Sun Tzu, autor de El Arte de la Guerra.

César Aristimuño Economista - Director General de Aristimuño Herrera & Asociados

Análisis Estratégico

El espejo de la transición: Tres casos para entender el momento que
atraviesa Venezuela

La transición económica no es un evento fortuito, sino una decisión impulsada por las circunstancias. Al observar a Venezuela en 2026, se hace evidente que la recuperación estructural es directamente proporcional a la profundidad de la reforma institucional y la disciplina monetaria.

Venezuela hoy oscila en una zona gris: intenta copiar el pragmatismo de Vietnam (apertura controlada) pero arrastra los vicios de credibilidad de Zimbabue (brecha cambiaria y monetización del déficit).

El éxito de Polonia nos enseña que no hay «terceras vías» indoloras; la confianza solo se recupera cuando el Banco Central deja de ser la caja chica del Ejecutivo y la propiedad privada se vuelve sagrada.

Después de todo, recuperar una economía en crisis no es un proceso místico, es una decisión a partir de un duro aprendizaje. Al observar el panorama global desde la óptica de 2026, la conclusión es clara: la prosperidad no llega por decreto, sino por confianza.

A continuación, se evalúan en detalle estos tres casos como un intento de aproximación hacia las oportunidades y los riesgos que el país deberá afrontar a lo largo de los próximos meses.

Esta es una crónica sobre el destino de tres naciones que, tras tocar fondo, decidieron cambiar de piel. Para Venezuela, estos espejos no son solo historia; son mapas que muestran hacia dónde llevan los distintos caminos de la voluntad política y económica en este 2026.

La transición económica no es un proceso místico ni un golpe de suerte, sino una decisión pragmática sobre cómo gestionar el inevitable dolor de un cambio sistémico.

Al observar el panorama global hoy, la conclusión es tajante: la prosperidad no se decreta, se
cultiva mediante la confianza institucional. Venezuela se encuentra actualmente en ese quiebre histórico, intentando emular el pragmatismo de apertura controlada que salvó a Vietnam, pero luchando todavía contra los fantasmas de la desconfianza y la inestabilidad monetaria que mantienen a Zimbabue en el foso.

El «Milagro Polaco» y el papel del mercado

El caso de Polonia a principios de los años noventa es, quizás, el ejemplo más inspirador de lo que significa una «cirugía sin anestesia». El país despertó de décadas de comunismo con estantes vacíos y una deuda que asfixiaba cualquier intento de futuro.

El ministro Leszek Balcerowicz entendió que no se puede cruzar un abismo en saltos pequeños, por lo que aplicó una terapia de choque que eliminó subsidios y liberó precios de la noche a la mañana.

Aunque el primer año fue brutal y el PIB se desplomó un 11.6%, esa determinación sentó las bases de un milagro.

Hoy, en pleno 2026, Polonia es la locomotora de Europa Central, con un crecimiento del 3.5% que duplica la media europea y un PIB per cápita que escaló de los 1.700 dólares  en los noventa a superar los 22.000 dólares actuales.

Como bien dijo el ex primer ministro Marek Belka, el gran éxito polaco no fue fabricar bienes, sino exportar previsibilidad legal al mundo.

El equilibrio vietnamita en el camino del medio

Vietnam ofrece una ruta distinta: el equilibrio entre el control político y la libertad de mercado. Tras años de guerra y una hambruna que obligaba a la población a comer raíces, el plan Doi Moi transformó una nación agraria en un titán tecnológico.

En lugar de una ruptura institucional total, el gobierno vietnamita optó por un pragmatismo feroz, convirtiéndose en el destino predilecto para las empresas que buscaban una alternativa a China.

Para 2025, el país atrajo una inversión extranjera récord de 39.000 millones de dólares, y logró que rascacielos de firmas como Samsung convivan con el orden del partido único.

Sin embargo, analistas como Nguyen Xuan Thanh advierten que Vietnam enfrenta ahora su mayor reto: dejar de ser solo la «maquila del mundo» para apostar por semiconductores y energía limpia, un salto necesario para no quedar atrapados en la trampa del ingreso medio.

El caso a evitar: los errores de Zimbabue

En el extremo opuesto aparece la advertencia de Zimbabue, el espejo de lo que ocurre cuando una transición es meramente cosmética.

Tras la caída de Robert Mugabe en 2017, el mundo quiso creer en una «nueva era», pero las viejas mañas de imprimir dinero para cubrir el déficit no desaparecieron.

El gobierno intentó estabilizar la economía mediante decretos y la creación de nuevas monedas, como el reciente ZiG respaldado por oro, pero la falta de confianza fue más fuerte que el metal precioso.

En septiembre de 2025, el Banco Central tuvo que devaluar la moneda en 43% en un solo día, lo que confirma que, sin instituciones independientes, cualquier papel moneda es solo una promesa rota.

El economista Gift Mugano lo resume con crudeza al señalar que el oro en las bóvedas no
vale nada si el contrato de confianza entre el Estado y el ciudadano está quebrado.

Al final del día, Venezuela navega entre estos tres destinos: Posee las zonas económicas especiales que intentan imitar el modelo de Vietnam, pero sufre la volatilidad y la falta de credibilidad que mantienen a Zimbabue estancado.

La gran lección de estos años es que la recuperación estructural es directamente proporcional a la profundidad de las reformas: mientras Polonia aceptó el trago amargo para sanar, Zimbabue prefirió paños calientes que solo profundizaron la infección.

La economía, como el tiempo, no perdona la improvisación.

Freddy Campos Comunicador especializado en análisis de entorno

Gráfico de la Semana

El diferencial cambiario -o «brecha cambiaria» como se conoce popularmente- es un indicador clave para dimensionar la inestabilidad de la paridad bolívar-dólar en el país.

Con el nuevo esquema de subastas, ocurre que el precio oficial que reporta el Banco Central de Venezuela (BCV) tiene poca relación con las cotizaciones para la compra y la venta de divisas que se reflejan en los bancos.

Sin duda, es necesario establecer un nuevo marco estratégico para evitar que estos diferenciales sigan erosionando el poder de compra de los actores económicos en el país.

Así está la diáspora venezolana en el exterior

Recientemente, el Observatorio de la Diáspora Venezolana publicó los resultados de su más reciente encuesta sobre la situación de la migración venezolana, correspondiente a febrero de 2026. Presentamos algunos de sus resultados más relevantes:

  • El 57% de los migrantes venezolanos se considera completamente integrado a su país de acogida, mientras que 32% se percibe como medianamente integrado.
  • El 51% de los migrantes venezolanos tiene trabajos de jornada completa en sus países de acogida, al tiempo que 13% labora a media jornada.
  • El 85% de los migrantes tiene familiares directos en Venezuela.
  • El 58% de la población migrante envía remesas a sus familiares en el país; de esa proporción 29% realiza aportes mensuales y otro 42% hace aportes bimensuales.
  • El 54% de los migrantes ha realizado viajes a Venezuela.
  • El 74% de los migrantes venezolanos no mantiene vínculos loborales o con proyectos empresariales en el país.
  • El 45% de los migrantes venezolanos consideraría regresar al país si mejoran las condiciones políticas, sociales y económicas, mientras que 19,3% de la diáspora ya decidió residir permanentemente en el exterior.

Escenarios

Expertos: la macroeconomía de la recuperación venezolana

En el actual escenario económico, la estabilidad no es un estado de reposo, sino el resultado de un complejo juego de malabares donde la inflación, el tipo de cambio y el encaje legal actúan como variables interconectadas.

Mientras el índice de precios al consumidor dicta el pulso del poder adquisitivo en las calles, la cotización de la moneda extranjera se mantiene como el termómetro de la confianza institucional.

Más allá de las cifras frías, el análisis se detiene en la “pinza” monetaria que ejerce el Banco Central de Venezuela, a través del encaje legal. Al restringir la liquidez para frenar la escalada del dólar y contener la inflación, se genera un efecto colateral inevitable: la sequía del crédito bancario.

A través de este lente macroeconómico, puede verse el delicado equilibrio entre el control de la volatilidad y la necesidad de dinamizar una economía que exige oxígeno para crecer.

Gustavo García Osío fue economista jefe de la División Fiscal del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y en el Fondo Monetario Internacional (FMI) trabajó como economista senior.

También ha colaborado con el Banco Mundial (BM), y ocupó cargos públicos en Venezuela durante los años 90; su actividad académica va de Harvard a la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Inflación y emisión monetaria del BCV

“Primero que nada, la inflación es una consecuencia de la emisión monetaria del Banco Central de Venezuela (BCV) para financiar el déficit fiscal del sector público”, arremete, de entrada.

Aporta que -lo anterior- se hace a través de préstamos del BCV a PDVSA, dado que el Banco Central no puede -sin violar la Constitución- financiar al gobierno central. Este fenómeno se potenció con una modificación de la Ley de BCV que se había aprobado en el año 2000.

“Esa ley, atendiendo lo que establecía la Constitución, prohibía al Banco Central financiar al sector público en general. En el 2010, el expresidentye Chávez cambió la ley del Banco Central bajo el argumento de que las empresas del Estado eran empresas comerciales. Por lo tanto, como cualquier otra empresa comercial podía recibir dinero del Banco Central”, se detiene en un punto delicado, sensible.

Quien fuera asesor principal y economista jefe del Ministerio de Finanzas de Venezuela (1992-1993) y director en Cordiplan, deja muy en claro: “el Banco Central solo presta con la política de redescuento a los bancos comerciales o bancos universales. No financia el sector privado no bancario”, coloca un puente para cruzar al fin de su idea.

“Y lo hace con el sector privado bancario solo como mecanismo de política monetaria, mantener un equilibrio en el mercado monetario, lo que depende de su objetivo de tasa de inflación y de tipo de cambio”, enfatiza el entrevistado.

Se financia a PDVSA

Sin embargo, avanza Gustavo García, como no existe ninguna independencia entre PDVSA y el gobierno, lo que ha hecho Banco Central es que financia a PDVSA fundamentalmente. Y la estatal “canaliza esos recursos al gobierno central”, desmadeja la trama.

“Entonces, el Banco Central está financiando el déficit del sector público consolidado, incluyendo PDVSA y al gobierno. Y esa es la causa de la inflación”, topa con el principal dolor de cabeza de Venezuela.

García agrega que la inestabilidad en el mercado cambiario es una consecuencia, no es una causa de esa inestabilidad monetaria. ¿Por qué razón?

“Porque en la medida que el Banco Central emite dinero para financiar al sector público, hay más bolívares en la economía al tiempo que se percibe una cantidad reducida de dólares. Y eso es lo que presiona el precio del dólar en el mercado”, analiza el experto.

Y da su tiro de gracia: “Cuando la gente consigue dólares en el mercado oficial, el Banco Central es el que le dice a los bancos cuántos dólares van a vender y a qué precio van a vender. Eso es un control de cambio de facto en el mercado oficial«.

«Entonces, cuando la gente no consigue, teniendo acceso a bolívares en la mano, dólares en el mercado oficial privado, compra dólares al precio que esté dispuesta a pagar por dólar”, decide cerrar por la sangría de divisas.

En su esquina, Víctor Álvarez es economista, director de Pedagogía Económica y Política, además de Premio Nacional de Ciencias. También ha ejercido la docencia en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y el Instituto de Estudios Superiores en Administración (IESA).

Se echa a andar. “Debido a la contracción del aparato productivo interno en más del 70%, el consumo nacional dependió cada vez más de los productos importados. Obviamente, si se encarece el dólar también se encarecen las importaciones. El gobierno utilizó la política cambiaria como instrumento de su política antiinflacionaria; es decir, frenó el aumento del dólar para evitar que subieran los precios”, coincide, en cierta manera, con Gustavo García.

La mercancía más barata

Indica que -al ser la depreciación del tipo de cambio menor que la inflación promedio-, el dólar oficial se convirtió en la mercancía más barata y esto aumentó su demanda.

“Pero cuando el BCV no tiene suficientes reservas para satisfacer esta sed de divisas baratas, los que no tienen acceso al dólar oficial se ven obligados a comprarlo más caro en el mercado paralelo”, dispara un dardo.

Así se va ensanchando -garantiza- la brecha entre ambos precios de la divisa y esto distorsiona “el mecanismo de formación de precios, toda vez que en el mercado informal y en el comercio minorista los precios se calculan con base en el paralelo y no a la tasa BCV”, da una pincelada previa a un trazo grueso.

Tres anclas estructurales

La intervención cambiaria es necesaria -opina el también expresidente del Banco de Comercio Exterior (Bancoex)- más no suficiente para combatir la inflación, y en 2026 debe ser complementada con otras anclas estructurales, tales como:

Aumento del ingreso fiscal y fin del financiamiento monetario: la reactivación de la economía permitirá una mayor recaudación de ISLR, IVA e IGTF y este aumento en los ingresos fiscales ayudará a erradicar el financiamiento del déficit del gobierno con emisiones de dinero inflacionario que no tiene respaldo en la producción ni en las reservas internacionales.

Recuperación de la oferta agregada: La reactivación económica se traduce en una creciente oferta de productos nacionales y esta abundancia opera como un ancla natural. El mejor control de precios es la competencia entre los productores y comerciantes que buscarán llevarse la preferencia del consumidor con productos de mejor precio y mayor calidad.

La recuperación de la confianza: A medida que Venezuela deje de ser el país sancionado y bloqueado, el riesgo país baja y esto estimula a los inversionistas a traer sus capitales para reactivar los diferentes sectores de la economía.

La recuperación de la confianza en Venezuela como destino de negocios e inversiones genera un círculo virtuoso que mejora las expectativas y actúa como un ancla psicológica para despejar las presiones inflacionarias.

-Hay un consenso en cuanto a que -sea de una magnitud u otra- la economía venezolana se recuperará al cierre de 2026, por el incremento de los negocios petroleros con EEUU. ¿Rebote estadístico o recuperación orgánica sostenible?

-El rebote es inevitable. Venezuela viene de una caída del 70% del PIB, pero cuenta con una elevada capacidad instalada ociosa que se puede reactivar en el corto plazo, sin tener que hacer nuevas inversiones en galpones, maquinarias, equipos, etcétera.

Con financiamiento oportuno del capital de trabajo y la repotenciación de los servicios de electricidad, agua, gas y telecomunicaciones que actualmente son un cuello de botella, la economía puede crecer, como mejor escenario, en un promedio de 20% anual hasta alcanzar el 100% de su capacidad instalada.

¿Una recuperación orgánica? Bien, una vez que se optimice el uso de la capacidad instalada, para sostener el crecimiento económico será necesario estimular una creciente Inversión Extranjera Directa.

A diferencia de años anteriores donde el crecimiento dependía del gasto público, en los años siguientes será el capital privado en los sectores de hidrocarburos, minería, telecomunicaciones, construcción e infraestructura el que dinamice la economía.

¿Cómo flexibilizar el encaje?

Requerida su opinión sobre las condiciones que permitan flexibilizar el encaje legal -uno de los más altos del mundo-, que estrangula a la banca privada en su capacidad de intermediación financiera, el experto indica que, por una parte, observa el crédito a la producción.

Esto es: la flexibilización debe ser gradual y condicionada a préstamos para capital de trabajo que contribuyan a reactivar y aumentar la producción en sectores prioritarios como alimentos, medicinas, vestido, calzado, productos de higiene personal, etcétera.

Y, luego, la esterilización mediante Títulos Valores: “Para evitar que el aumento de la liquidez se dirija a la especulación cambiaria, el BCV debe ofrecer instrumentos de ahorro con tasas de interés reales positivas”, remarca.

Ahora bien, ¿cómo estabilizar el tipo de cambio sin agotar las reservas internacionales? Según Álvarez, ya no será necesario seguir quemando cuantiosas reservas internacionales para estabilizar el tipo de cambio y aliviar su impacto inflacionario.

En 2026 se espera:

Aumento del ingreso en divisas: El 70% de la producción de petróleo llegó a enviarse a los mercados asiáticos, la mayor parte para pagar la deuda china y la otra con descuentos de hasta 40% para evadir las sanciones. Esto castigó el ingreso real en divisas y encareció el precio del dólar.

En adelante, con la venta de crudo a precios de mercado, Venezuela recibirá un mayor ingreso en divisas por la venta de la misma cantidad de petróleo. Y al recuperar los ingresos fiscales petroleros, se eliminará la emisión de bolívares para financiar el gasto público.

-El Fideicomiso en Catar: Al erradicar el opaco sistema de pagos a través de criptomonedas, la administración del ingreso externo a través de fideicomisos permite que las divisas por exportaciones de petróleo entren directamente al mercado a través de las mesas de cambio, sin pasar necesariamente por el BCV.

-Asistencia multilateral y reinserción de Venezuela en los mercados financieros internacionales: El ingreso previsto de fondos del FMI y del Banco Mundial reforzará la balanza de pagos y ayudará a mantener la estabilidad cambiaria, sin tener que quemar reservas internacionales.

Un peaje que no se puede evadir

La reestructuración de la deuda venezolana no es solo un rompecabezas de bonos en mora y litigios en Nueva York; es el peaje ineludible para reinsertar al país en el siglo XXI. Mientras los números sigan sin cuadrar y los acreedores aguarden en las sombras de los tribunales, el futuro financiero de la nación permanecerá en un limbo técnico.

Resolver esta montaña de obligaciones —que hoy cuadruplica la capacidad productiva del país— será el examen final para la viabilidad de cualquier proyecto político que pretenda, finalmente, encender las luces de una economía que lleva una década a oscuras.

Alejandro Ramírez Morón Periodista especializado en Gerencia y Negocios

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