Venezuela y su dilema del prisionero

// Enrique González *

Venezuela y su dilema del prisionero



Al cierre del año 2017 el premio Nobel de Economía 2014, Jean Tirole, visitó la Argentina. Una serie de medios de comunicación que tuvieron el privilegio de entrevistarlo recogieron una serie de afirmaciones de parte del economista reconocido por sus aportes a la economía regulatoria, que valen la pena destacar a la luz de la imperativa necesidad en Venezuela de su reconstrucción y re-institucionalización.

La economía dado el número de factores que la explican, determinan y afectan resulta compleja de comprender y predecir. Sin embargo, las prescripciones desde la ciencia económica –basadas en formales análisis positivos del funcionamiento de los mercados y de forma en que toman decisiones los agentes económicos- resultan robustas respecto a su orientación, existiendo todavía incertidumbre sobre la predictibilidad de eventos o crisis a lo largo del tiempo.

Tirole asoma en un artículo publicado en el diario La Nación de Argentina, que los efectos de una política son fáciles de entender, pero que sin embargo más difícil resulta identificar y destacar en el debate político los efectos indirectos que “fácilmente pueden hacer que una política bienintencionada sea tóxica”.

A propósito de una serie de propuestas oficialistas, e incluso e insólitamente por parte de gremios en el sector privado que abogan por indexar los sueldos y salarios a la hiperinflación, asomando políticas públicas que incidirán en la permanencia y recurrencia hiperinflacionaria; cabe destacar la necesidad de conocer y manejar la teoría y las herramientas de la economía. Tal tipo de políticas atacan consecuencias y no las causas, a la par que no ponderan la fuente pública no tributaria para financiar dicha política –deficitaria, inorgánica e inflacionaria- y el divorcio entre dicho ajuste y las mejoras de productividad en el sector privado.

Tirole ejemplifica su punto sobre el riesgo de políticas bienintencionadas con pésimos resultados utilizando justamente el mercado laboral, asegurando que la protección de algunos empleos vuelve más difícil conseguir trabajo para el desempleado.

En este orden de ideas referido a los desafíos industriales, en temas de competencia y política industrial, Tirole ve al Estado como un árbitro de los mercados, destacando el rol importante de los economistas en el análisis de las políticas industriales.

Tirole clama por el protagonismo que el conocimiento debe jugar en la sociedad; y lo hace específicamente refiriéndose la importancia de científicos, técnicos y economistas en el diseño de políticas públicas. Nunca desestimando la complejidad de los temas en materia de política pública aboga por el trabajo multidisciplinario, pero deja muy claro que la economía y las políticas públicas constituyen una tarea compleja y técnica que no puede ni debe dejarse a la suerte, mucho menos al populismo.

El conocimiento, no sólo en materia de políticas públicas y regulatorias resulta fundamental -especialmente hoy día donde si bien existe un consenso sobre las causas que justificarían una acción pública sobre una situación de externalidades (por ejemplo), mucho más importante y trascendental resultará la calidad del diseño de las políticas públicas y de sus instrumentos- sino especialmente en el ámbito económico y privado donde la participación de las materias primas en las cadenas de valor y especialmente en las cadenas globales de valor ha cedido todo terreno al conocimiento, la innovación, las patentes, el diseño, las marcas, etc.

Una sociedad que en términos promedio –por ejemplo, producto de esquemas de incentivos perversos de captura de renta petrolera por grupos de interés- desestime el conocimiento y la productividad como fuente creadora de valor; no puede ser democrática ni en lo político ni en lo económico. Este dilema del prisionero al que ha estado expuesto nuestro país caracteriza, muy especialmente, nuestra historia en las últimas décadas. Los venezolanos debemos estar atentos, en el futuro, respecto a quienes estarían conformando los grupos que promueven eventuales alternativas de poder en el país. Instituciones y personas con conocimiento que las robustezcan, constituyen la vía para encausar al país hacia el progreso. Analizando y distinguiendo los intereses sectarios de aquellos que nos asoman ser alternativas de poder, le haremos un enorme favor al futuro de Venezuela.

* Economista UCV

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