Retratos de una juventud asediada en América Latina

// AFP

Retratos de una juventud asediada en América Latina


Soledad en Venezuela, silencio represivo en Nicaragua y terror en Honduras. Jóvenes de una convulsionada América Latina buscaron desahogo en su encuentro con el papa Francisco en Panamá.

María Fernanda, Juan y Manuel, provenientes de esos países, participaron en la masiva Jornada Mundial de la Juventud encabezada por el pontífice, con una misma idea: encontrar motivos para la «esperanza».

– «Cada vez somos menos» –

María Fernanda Pacheco cada vez se siente más sola en Venezuela. Su padre y la mayoría de sus amigos huyeron de la debacle socioeconómica y la política.

«Cada vez somos menos, porque yo tengo más amigos afuera del país que adentro. Es triste cómo las personas con las que has crecido (…) se ven obligadas a irse», dijo a la AFP esta estudiante universitaria de 19 años, quien lamenta que los jóvenes venezolanos estén en «constante angustia».

Y le duele ver «cada día más flacos» a quienes decidieron quedarse, adelgazando por los estragos de la hiperinflación y el desabastecimiento de alimentos, acompañados por una inestable situación política con protestas que han dejado más de 200 muertos desde 2014, en su mayoría jóvenes.

Según relató María Fernanda, tiene compañeros en la privada Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) «que ni siquiera pueden llevar (allí) algo de comer, así sea una manzana (…), porque no tienen nada».

Ella trata de tener «una vida normal», aunque en su país, dice, «no se vive, sino que se sobrevive».

Pese a los problemas, se niega a migrar porque, como dicen muchos venezolanos, «no hay mal que dure mil años, ni cuerpo que lo resista». En Panamá esperaba encontrar en Francisco «esperanza», para llevarla a los demás en su regreso a Venezuela.

– De eso no se habla –

Juan Ferrufino, de 23 años, se resiste a hablar de política, como muchos nicaragüenses entrevistados por la AFP, por miedo a represalias al retornar a su país. Incluso, llegaron a Panamá con la consigna de no ventilar los asuntos internos.

Juan acaba de graduarse de ingeniero civil en Nicaragua, donde la represión del gobierno de Daniel Ortega a protestas lideradas por jóvenes ha derivado en más de 300 fallecidos y una cifra de entre 600 y 750 detenidos desde que estallaron en abril.

Su gran temor es la desintegración social. «Me encantaría que el papa Francisco nos diera un mensaje a nosotros los jóvenes de Nicaragua: Permanezcan unidos. La unión es lo primordial», declaró con voz tímida a la AFP.

Analistas advierten del riesgo de una guerra civil. Por eso, Juan no le pide al papa argentino elegir bandos, sino dar «esperanza».

«La iglesia es iglesia, la iglesia no se mezcla con otro asunto, la iglesia siempre permanece firme en la fe (…) y la unión», comentó el peregrino, quien viajó por carretera en una travesía de 30 horas para llegar a Panamá.

Pese a los temores, el joven, que regresará a su país, parafrasea a Francisco y su llamado contra el conformismo: «Jóvenes, métanse en líos». En su país, sin embargo, esto puede significar muerte, cárcel o migración forzada.

– «Impuesto de guerra» –

«Eso no puede seguir», lamenta Manuel Antonio de Dios refiriéndose a la salvaje violencia de las pandillas que controlan las zonas pobres de Honduras, con los jóvenes como principales víctimas y victimarios.

Una tía de este estudiante de matemáticas debió huir de la ciudad donde vivía por no poder pagar el «impuesto de guerra», dinero que cobran grupos delictivos a comerciantes, transportistas y residentes en los territorios donde operan. «Le pedían mucho dinero», relató a la AFP.

El muchacho de 23 años que llegó a Panamá desde Tegucigalpa aboga por un «cambio de mentalidad».

«La violencia no es el camino, el camino es el amor», expresó, aunque tiene claro que es «muy difícil» que ese mensaje le llegue a «una persona a la que le han matado un hijo» o «un hermano».

Manuel pide justicia en un país de poco más de nueve millones de habitantes en el que ocurren unos diez homicidios al día, según cifras oficiales.

Las guerras de pandillas son una de las razones por las que millares de hondureños escapan en caravanas rumbo al norte y desafían al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su plan de construir un muro en la frontera con México.

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