Todas las guerras tienen un impacto económico. El conflicto sirio tendrá consecuencias para todos los actores involucrados. Un ejemplo podría ser el aumento de los precios del petróleo.

En las últimas semanas, una serie de acontecimientos ha sembrado la incertidumbre entre los analistas del mercado de materias primas. Las crecientes tensiones geopolíticas entre los bandos enfrentados en el complejo tablero de la guerra de Siria amenazan con afectar a los precios del petróleo, el gas, el aluminio y otros recursos primarios.

Estados Unidos intenta aislar y debilitar a las economías de Rusia e Irán, dos países considerados como enemigos por el establishment militar y de política exterior estadounidense. La Estrategia Nacional de Defensa de 2018 define al primero como “poder revisionista” y al segundo como “Estado villano”.

En ese contexto, un instrumento clave es la ley aprobada en 2017 por el Congreso, mayoritariamente republicano, conocida por el acrónimo CAASTA. Su objetivo es encauzar las ofensivas económicas contra Rusia, Irán y Corea del Norte.

Apretando los tuercas

El 6 de abril, EEUU hizo uso de las disposiciones de esta ley para imponer a Rusia las sanciones económicas más duras hasta el momento. Estas se dirigen a seis importantes oligarcas rusos y a una docena de sus empresas, así como a 17 altos cargos del Gobierno. Entre las empresas sancionadas se encuentra Rusal, firma metalúrgica controlada por el oligarca Oleg Deripaska. Los analistas han dicho que saldría de los mercados globales como consecuencia de la acción estadounidense.

Rusal es la principal productora de aluminio rusa, con una cuota de mercado mundial del 9%. Las acciones de la empresa se desplomaron en la Bolsa de Moscú en el momento de anunciarse las sanciones, como también lo hizo el valor del rublo. Ante una posible crisis de suministro, el precio mundial del aluminio aumentó más de un 10% a lo largo de la semana pasada.

Las nuevas sanciones impuestas por Washington no están vinculadas a ninguna acción específica rusa, sino que más bien parecen una condena general del liderazgo del país. En un comunicado de prensa del 6 de abril, el Departamento del Tesoro estadounidense indicó: “El Gobierno ruso está involucrado en actividades malignas por todo el mundo, incluyendo el mantenimiento de la ocupación de Crimea y la instigación de la violencia en el este de Ucrania; el suministro de materiales y armamento al régimen de Assad mientras bombardea a sus propios civiles; el intento de subvertir las democracias occidentales, y ciberactividades maliciosas”.

No está claro si hay una relación estratégica entre las sanciones a Rusal y la decisión de Donald Trump el pasado 8 de marzo de imponer aranceles del 10% a las importaciones de aluminio, así como tasas arancelarias del 25% a las importaciones de acero, con el fin de impulsar los beneficios de la producción local estadounidense de metales.

¿Los siguientes serán los mercados energéticos?

Las sanciones también afectan a dos importantes ejecutivos de la industria energética rusa: el director general de Gazprom, Alexei Miller, y Vladimir Bogdanov, el jefe de Surgutneftegas, una petrolera responsable del 11% de la producción de crudo en Rusia. En consecuencia, no podrán viajar o hacer negocios en Occidente.

Sin embargo, sus empresas, Gazprom y Surgutneftegas, no figuran en la lista de las sanciones. Si EEUU impusiera sanciones a Gazprom, ello interferiría en el suministro de gas a Europa. Una jugada como esta contaría sin suda con la oposición de los aliados europeos de Washington.

Además, las sanciones a los principales productores de combustibles fósiles rusos, como Gazprom, Surgutneftegas o Rosneft, también presionaría al alza los precios del petróleo y el gas. El precio del oro negro ya subió durante el año pasado como resultado de las tensiones geopolíticas. Desde un mínimo de alrededor de 43 dólares por barril en junio de 2017, el crudo ronda los 67 dólares esta semana. Ha subido cinco dólares desde el 7 de abril. Los precios están ahora mismo en su nivel más alto desde 2014.

 

Los analistas del precio del petróleo afirman que es poco probable que el valor de este aumente mucho por encima de los 65 dólares, con excepción de períodos muy cortos. Por encima de ese precio hay incentivos financieros a favor de la expansión del petróleo de esquisto en EEUU, lo que resultaría en sobreabundancia de suministro unos meses después.

En efecto, la alternativa de estas perforaciones implica un límite en el rango de los 60 a 70 dólares por barril. De acuerdo con Jim Williams, de WTRG Economics, por encima de ese nivel solo se producirían subidas como consecuencia de la eventos geopolíticos como guerras o revoluciones que interfieran en la producción de los principales países que suministran este recurso, como Arabia Saudí, Irán, Rusia, Venezuela, Irak o Kuwait.

El ejemplo de Libia, dijo Williams a DW, muestra que los cambios de régimen en países ricos en petróleo pueden tener efectos de larga duración: Libia todavía no ha recuperado ni un gobierno estable ni su nivel de producción previo al cambio de régimen.

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