El Banco Central Europeo (BCE) confirmó este jueves el final progresivo de sus medidas de apoyo a la economía y se mostró sereno frente a los riesgos coyunturales en la zona euro.

La institución de Fráncfort mantuvo el rumbo anunciado en junio, a saber, el fin de las compras de deuda pública y privada este año —excepto si se degrada la economía en ese periodo— y el mantenimiento de las tasa de interés en sus niveles históricamente bajos hasta al menos mediados de 2019.

“Un banco central que funciona tiene que ser aburrido”, ironizó en una nota Frederik Ducrozet, un economista de Pictet Wealth Management, asegurando que el anuncio del BCE tranquiliza la febrilidad reciente de los mercados.

En su esperado análisis de los riesgos económicos, el BCE los considera “globalmente equilibrados”, según el presidente de la institución, Mario Draghi, que reconoció sin embargo que las “incertidumbres (…) han ganado importancia recientemente”.

“El proteccionismo creciente” también es una de las principales preocupaciones de la economía, indicó Draghi, en un momento en que Estados Unidos y la Unión Europea están negociando un acuerdo comercial tras las amenazas mutuas de imponer aranceles.

Mario Draghi alertó sobre las crisis monetarias en Argentina y Turquía aunque por ahora, según el banquero italiano, no tiene “efectos significativos” en la zona euro.

El BCE también evaluó con prudencia las promesas recientes del gobierno italiano de que respetará las reglas presupuestarias europeas tras haber amenazado en un primer momento con profundizar todavía más la enorme deuda del país. “Esperamos actos”, dijo Draghi, en referencia al futuro presupuesto del gobierno italiano.

Por otra parte, el presidente del BCE se felicitó de varios factores que según él alimentan el crecimiento en la zona euro, entre ellos la política presupuestaria (“menos neutra en varios países”), el consumo, apoyado por la creación de empleo, el alza de salarios y el buen clima para los negocios.

Sin embargo la deterioración de las relaciones comerciales llevó al BCE a rebajar su previsiones de crecimiento para este año y el próximo, alegando una “contribución más débil de la demanda exterior”, apuntó Draghi.

La institución apunta ahora a un crecimiento de 2,0% en 2018 y de 1,8% en 2019, frente al 2,1% y 1,9% de sus últimas previsiones en junio. Por su parte mantiene una previsión de inflación a 1,7% cada año hasta 2020.

A pesar de un entorno económico un poco menos favorable, el BCE “avanza como un sonámbulo” hacia el fin de sus medidas de apoyo a la economía a final de este año, el llamado programa QE o de “expansión cuantitativa”, afirma Carsten Brzeski, un economista de ING Diba.

La decisión —ya anunciada pero que se tomó formalmente este jueves— consiste en reducir de 30.000 a 15.00 millones de euros las compras netas de deuda en los mercados a partir de octubre. El programa QE fue lanzado en 2015 para favorecer el crédito y apoyar el crecimiento.

El fin definitivo del programa está previsto en diciembre pero a condición de que los próximos datos económicos “confirmen las perspectivas de inflación a medio plazo”, indicó el BCE.

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