Otra vez un nuevo jefe para el Deutsche Bank. Y de nuevo se alimenta la esperanza de que a partir de ahora todo mejore. Su tarea: salvar al banco del desastre.

Hace apenas tres años, el primer domingo de junio, los medios centraban su atención en la cumbre del G7 en Elmau, Baviera, cuando estalló la bomba: Anshu Jain, jefe del Deutsche Bank, británico de origen indio, fue despedido. En su lugar vino otro británico, John Cryan.

Cryan se puso silenciosamente a trabajar. Durante meses no circuló ni una sola foto actual de él en Frankfort. La junta directiva fue reemplazada casi por completo. Se deshizo también de costosos litigios en Estados Unidos. Como ejemplo basta recordar el otoño de 2016, cuando hubo una demanda sobre 14 mil millones de dólares que podrían haber significado la ruina para el Deutsche Bank. En Berlín ya se hablaba sobre posibles ayudas estatales. Es el mérito de John Cryan de haber conseguido evitar las peores pesadillas.

Hombre sin suerte

Una y otra vez pidió más paciencia en la tarea de la reforma del banco. Dijo que se necesitaba más tiempo para corregir los pecados del pasado. Lo malo era que otros bancos también habían pecado en el pasado. Pero mientras muchos de ellos, especialmente los bancos estadounidenses, volvieron a ganar dinero, el Deutsche Bank cayó en los rankings internacionales una y otra vez. El liderazgo global que en su día estuvo al alcance, desapareció de la mira por completo.

No se sabe exactamente cuándo llegó el momento del divorcio entre Cryan y el jefe del consejo de administración, Paul Achleitner. Probablemente haya sido justo antes de la Navidad de 2017, cuando quedó claro que Cryan no podía por tercer año consecutivo presentar un balance positivo. Achleitner estaba insatisfecho con los resultados de Cryan. Por ejemplo: el plan de trasladar a 4.000 banqueros de inversión de Londres a Fráncfort debido al “Brexit” no progresaba. No es de extrañar, ya que el equipo organizador está formado en un 90% por británicos. El responsable principal el proyecto era John Cryan.

¿Volviendo a las raíces?

Ahora se encuentra de nuevo un alemán en la cúpula del Deutsche Bank. Christian Sewing empezó su carera hace 30 años como aprendiz en una filial. La decisión de Achleitner significa un giro importante que posiblemente tendrá consecuencias para la orientación estratégica del banco. ¿Menos banca de inversión y más negocios tradicionales en el mercado nacional? ¿Más banco “alemán”?

Pero eso tampoco resulta ser una tarea fácil. De nuevo hay que buscar y definir una estrategia en tiempos en los que otros bancos avanzan y aumentan la distancia. En Alemania hay unos 1.600 bancos. Muchos de ellos viven bien de la financiación de empresas pequeñas y medianas. Aquí nadie espera al Deutsche Bank. Y las grandes empresas alemanas buscan la cooperación con otros bancos cuando se trata de fusiones o adquisiciones.

El Deutsche Bank, antiguamente ícono del poder financiero de la economía alemana, ya perdió todo su esplendor.

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