Cartera de inversión y el inversionista

// Johnny Zafra R – @jzafrar


Al momento de diseñar una cartera de inversión en títulos valores se debe tomar en cuenta primeramente el perfil del inversor, en cuanto a su aversión al riesgo y el horizonte de inversión dispuesto a asumir.

En este sentido, la composición de la cartera de inversión debe incluir títulos de renta variable y renta fija. Si se busca una cartera conservadora, poco afectada por la volatilidad, dicha cartera debe estar compuesta mayoritariamente por títulos de renta fija. Una forma tradicional de este tipo de cartera es iniciar con la compra de títulos de renta fija y con el producto de los intereses generados por esos títulos, adquirir títulos de renta variable que son títulos con mayor riesgo, por la volatilidad propia de su cotización en los mercados.

Otra forma, es constituir desde el inicio con una proporción de títulos de renta variable y la mayor proporción en renta fija, con el fin de que en un escenario de materialización de riesgo en las posiciones de renta variable, se cuente con cobertura del rendimiento generado por los otros títulos y de esa forma el capital inicial de inversión pueda estar garantizado.

De la misma manera, en una cartera de inversión se puede incluir una porción en títulos en moneda extranjera, que puede ser una proporción similar o ligeramente superior a la de renta variable.

Dependiendo del perfil del inversor, la proporción de títulos de renta variable puede variar, y ello es inversamente proporcional al grado de aversión al riesgo del inversor.

El seguimiento periódico de la cartera de inversión es un elemento de disciplina necesario a seguir, así como su rotación respectiva, en lo que se refiere a renovación de títulos vencidos o cierre y apertura de posiciones.

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