Carlos Augusto Santizo trabaja seis meses, el resto del año está desempleado y deja de ganar los 400 dólares mensuales en las plantaciones de caña de azúcar que cubren la falda del volcán de Fuego, en el sur de Guatemala.

El hombre de 34 años llegó a un albergue de Escuintla el 3 de junio, sin nada. Su esposa Jennifer lo alertó de la erupción a las 14H45 y apenas les dio tiempo de agarrar a su hija Alicia Jasmine de dos años y llegar al albergue con lo puesto.

La tragedia sumió a la familia de Santizo y a miles de vecinos en el dolor por los parientes muertos o desparecidos y la preocupación por el futuro de una economía precaria, que ahora depende de la ayuda de terceros.

“Teníamos poco y ahora ya no nos queda nada”, explica Jorge Anibal, de 27 años, que hasta el domingo ganaba 1 quetzal (0,136 dólares) por cada libra (453 gramos) de café que recolectaba en una parcela cercana a San Miguel Los Lotes.

Las pequeñas plantaciones de café, frijoles y maíz son una de las principales fuentes de ingresos y alimentos de las familias del departamento de Escuintla, donde un 49% de la población es rural.

La ceniza expulsada por el volcán provocó daños severos en las plantas de café, un sector que en 2016 representó el 2,5% del PIB del país y que tenía más de 125.000 productores, de los que el 97% son pequeños agricultores.

“No sé qué voy a hacer, porque la cosecha está perdida y no tengo donde trabajar”, se lamenta Anibal, que también perdió a dos primos y su casa. Como la mayoría de los afectados por el volcán, ahora vive de la comida y ropa que le dan en un albergue en Escuintla.

– Un coloso que fertiliza y castiga –

El principal gremio de cafetaleros de Guatemala, donde más del 83% de la población vive en la pobreza extrema, calcula que la erupción afecta a 5.489 familias por la pérdida de cosechas.

El café producido en la zona del volcán es uno de los más reputados internacionalmente, gracias a la combinación de altitud, el microclima que tiene el área y las características del suelo, muy fértil en parte por los materiales que expulsa el volcán.

Pero la ceniza que cayó el domingo tardará cientos de años en fertilizar el terreno, y además perjudica la cosecha actual porque tapa el fruto y la hoja, evitando que la planta haga la fotosíntesis.

Los negocios y los asalariados tampoco se salvaron de la catástrofe. Alida Hernández no va desde el domingo al plantel en el que trabaja ni tampoco sabe cuándo podrá hacerlo, porque la carretera que usaba para ir a Antigua Guatemala diariamente quedó cortada por el material expulsado por el volcán.

“Con mi sueldo vivíamos yo y mi familia, y ahora necesitamos la ayuda que nos den”, relata la joven de 17 años, que antes podía hacer ese recorrido en media hora, mientras que ahora le llevaría más de dos por una ruta alternativa.

– Impacto en el turismo –

Las autoridades guatemaltecas suspendieron durante cuatro días los trabajos de búsqueda en San Miguel Los Lotes, a pesar de que mantuvieron las tareas para retirar la capa de más de 15 metros de altura de ceniza y piedras que impide la circulación por la ruta nacional 14, vía de conexión entre la ciudad más turística del país y Puerto Quetzal, donde hace escala la mayoría de cruceros del océano Pacífico.

“Cerca de un 15% de nuestra clientela son turistas que bajan de los cruceros y ya no vienen”, explica Werner Santos, gerente de un restaurante de 122 plazas en el Antigua Guatemala.

La patronal del turismo de Antigua Guatemala teme que a corto plazo la erupción del volcán de Fuego afecte al número de visitantes, aunque en el restaurante gestionado por Santos ya lo han notado.

La facturación del establecimiento se ha desplomado durante la primera semana “un 50%, alrededor de 20.000 dólares”.

Jorge Antonio Hernández tiene un pequeño negocio de transporte interurbano, que cubre la ruta entre Esquintla y Antigua Guatemala. Hernández, de 50 años, y sus tres hijos, tratan de regresar cada día al El Rodeo para vigilar que no les roben lo poco que tienen y después pasar la noche en los tres autobuses de la empresa familiar aparcados en un área de descanso de un gasolinera cercana.

Hernández se lamenta de que están “varados, sin ingresos, incluso para los pilotos”, una situación que se puede alargar “entre 3 y 4 meses”, calcula.

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